Situaciones habituales en mi casa entre mi marido y yo.
– Vaya ropa que te compra tu madre, ¿esto por dónde se mete?. 
– (Hago como que no he oído nada, total, con los ruidos de la cocina…).
– ¡Cariiiiiii! Que esto se me ha atascado en la cabeza, ¡¡no puedo sacárselo!!. ¡Corre!.
– ¡Voyyyy!.
– Pero esto no tiene corchetes y le está pequeño, ¡no le sale!, ¿qué cosas le compras?.¡Es imposible de poner!.
– A ver, mira, aquí están los corchetes y se hace así, ¿ves qué fácil?. Si no abres los corchetes es imposible sacárselo, ¡qué borrico!, menos mal que tu eres el ingeniero…



– ¿Me ayudas? Quítale el pijama y le vistes y mientras tanto voy recogiendo la cocina.
– ¿Y qué le pongo?. 
– (Vuelvo sobre mis pasos, abro el armario, selecciono la ropa y se la doy).
– ¡Oye, yo paso de ponerle esto que es muy complicado!.
– No empecemos, ¡pónselo que no es tan difícil y tiene cinco meses, ni que fuera la primera vez que le vistes!.
– (Termino de recoger la cocina, vuelvo). ¡¿Pero todavía estás así?!. Venga, déjalo, que ya sigo yo.



– Se ha hecho caca, ¿le cambias los pañales?.
– Tu, tu, mejor tu, que a ti se te da mejor.
– Venga, hombre, que cambiar pañales no tiene ningún misterio, tu lo que quieres es no tragarte el olor a caca.
– Ah, ¡jo-der!, ¡qué asco!, ¡qué olor a mierda!, hijo, ¿qué coño es esto?, ¡guarrillo!.
– (Acudo en su auxilio). No le llames guarro, hombre, el pobre niño tiene que cagar. 
– Me están dando arcadas, qué cerdada, ¡toda la colita llena de mierda!. 
– Bueno, ya sigo yo, no te preocupes. 







Sábado 15 p.m. Niño llorando, con pocas ganas de siesta.
– Bueno, que yo me voy a la cama.
– Cari, pero si el niño está llorando.
– Ya, te quedas tu con él, no, ¿mi amor?. Que yo estoy muy cansadito de estar toda la semana madrugando.
– Hombre, que yo también madrugo, ¿eh?.
– ¿No le metes en la cunita?.
– ¿No ves que está encabronado?.
– En la camita te espero, que yo necesito siesta.
– Ole tus huevos. 

Una hora después, se levanta cabreado.
– ¿Qué tal la siesta?.
– No ha habido siesta, como no ha parado de llorar no he podido. No has conseguido que se durmiera…
– Ale, para que veas lo que es mi día a día.

PD: Como ya comenté, mi marido se apaña muy bien sin mi, no tengo ninguna queja, todo lo contrario. Lo cual no quita que yo me pregunte dónde tiene este hombre el espíritu de sacrificio y el sentido común.