La explosión del lenguaje de mi bicho ha sido evidente de junio para acá pero es ahora cuando la intención comunicativa se ha reforzado. Precisamente esa intención era uno de los problemas que tenía cuando empezamos a ir a atención temprana. Su problema no era tanto que no dijera ni una sola palabra con 15 meses sino que no tenía ni la más mínima intención de hacerlo y aún cuando empezó a aumentar su vocabulario, le ha costado unas semanas descubrir las numerosas aplicaciones prácticas que esto tiene.

Si algo he entendido de estos meses en atención temprana es que hay que buscar constantemente motivarle para que encuentre satisfacción en las cosas. Es la única forma de hacerle descubrir herramientas que le son necesarias y sacarle de esa rigidez que tenía en la que sólo se comunicaba pegando chillidos, tirando del brazo, cabréandose y llorando.

Sea como sea, en este mes de julio hemos empezado a entendernos mediante el lenguaje oral y a tener micro-conversaciones del tipo:

– Hooooola.

– Hola cariño, ¿vamos al salón?.

– ¡Bieeeen! ¡Zi, zi!.

– ¿Quieres pintar?.

– ¡Pintaaaaaaaaa!

– ¿Qué pintamos, un coche?.

– Coshe, rojo.

– Tele, tele, teleeeeeeee.

– ¿Quieres ver la tele?.

– Tele, tele, zi, zi.

– ¿Qué quieres ver?.

– … (silencio, no da para tanto de momento).

– ¿Quieres ver a Dora?.

– No.

– ¿Quieres ver a Maka Pakka?

– No.

– ¿Quieres ver a Mickey Mouse?.

– No.

– ¿Quieres ver a Pocoyó?.

– Coyooooo, ¡Coyoooooo!.

Él mismo, poco a poco, puede indicarnos lo que quiere, aunque tenga poquito vocabulario para hacerlo. Una de sus palabras favoritas (y con la que nos mondamos de la risa) es “epera“. Le vas a cambiar el pañal y sale corriendo diciendo “epeeeera, epeeeera“. Y así para todo: para estar un ratito más en el parque, para ver un ratito más los dibujos, para jugar un ratito más con tal o cual cosa, para meterse en la bañera…

Que diga que “” nos está costando un poco. Su tendencia es a repetir la palabra cuando se dice lo que él quiere aunque poco a poco he conseguido que me conteste cuando le pregunto si quiere pan, en lugar de repetirme pan; o si le pregunto si ha dormido bien que me diga que en lugar de decirme bien.

Soy consciente de que esta comunicación que tenemos es todavía muy rudimentaria y que la clave de su éxito consiste en que yo le acribillo a preguntas y sabiendo lo que no quiere averiguo lo que quiere y le conduzco para que cada día vaya mejorando la calidad de sus respuestas. Parece simple pero hasta hace nada no funcionaba. Era evidente que el niño tenía sus preferencias pero no lograba expresarlas, lo que generaba una altísima frustración de ida y vuelta.

Aunque los terribles dos están ahí a la vuelta de la esquina y ya veo cosas nuevas que se avecinan, desde que nos comunicamos de esta forma los berrinches se han reducido bastante tanto en frecuencia como en aparatosidad y duración. Se confirma lo que ya decía yo el año pasado, que tenía un problema de frustración bestial y que mientras no pudiera resolverla, íbamos a tener gritos y pataletas constantes.

Así que estoy contenta, muy contenta, porque hay muchos avances en la comunicación verbal, porque eso le tiene de mucho mejor humor y porque nos lo pasamos pipa con sus ocurrencias.