No me ha gustado nunca esa imagen que se suele dar, sobre todo en las películas, de la embarazada como una mujer tremendamente torpe, incapaz de concentrarse e histérica perdida todo el día… Pero debo reconocer que, al menos en mi caso, hay una parte de verdad.

Lo de torpe y de mala leche mejor lo dejo para otro día. El tema de hoy es el estado de mis neuronas: lamentable.

No sé si es por lo mal que duermo, por las hormonas, o porque estoy centrada en gestar y mi capacidad de concentración no alcanza más allá, o porque el nene a estas alturas de embarazo me tiene agotada todo el día, pero me noto lenta de reflejos, espesa, incapaz de recordar nada y con unos lapsus mentales espantosos.

Tengo problemas para recodar qué estaba haciendo, cuántos años tengo, de cuántas semanas estoy, la matrícula del coche, mi DNI… Voy por la casa de una habitación a otra y cuando llego ya no sé a qué iba (y esto no es un palacete precisamente). Hace unos días fui a meter un pañal sucio en la nevera. Me siento en el ordenador y no me acuerdo de para qué. Por teléfono a veces tartamudeo ante preguntas tan complicadas como cuál es mi nombre, sobre todo si mi interlocutor no me deja soltar de un tirón el discursito que llevo preparado (y apuntado) para que nada se me olvide. En fin, que ando fatal.

De la primera fusión neuronal tardé en recuperarme un montón de meses tras el parto. De esta, ¡ya veremos!…