Cuando te quedas embarazada, la primera pregunta que te hace tu obstetra es la fecha de tu última regla: la famosa FUR. En base a esta fecha se establecerán todos los cálculos del embarazo: ese será el primer día de la gestación y será el que determine cuál es la fecha prevista de parto (FPP). Este cálculo oficial se hace considerando que todas las mujeres tenemos ciclos de 28 días, en los que la ovulación se ha producido más o menos sobre el día 13 ó 14 del ciclo. Es decir, que el día en que te tenía que venir la regla, tomando como base un ciclo de 28 días, se considera que estás de 4 semanas, aunque realmente las dos primeras correspondieran a una fase pre-ovulatoria.

No tengo ni idea de cómo se llegó a esta convención obstétrica. Lo que sí es cierto es que la mayor parte de nuestras madres (por no decir todas) no habían oído hablar de estos cálculos durante sus embarazos y se organizaban en base a las faltas (meses sin menstruación), lo que me hace pensar que es algo relativamente reciente. Entiendo que si se cambió de sistema es porque éste resultaba más preciso; sin embargo, como ningún sistema es perfecto, presenta algunos problemas.

El más evidente es dar por hecho que todas las mujeres tenemos ciclos de 28 días y ovulamos en torno al día 13 ó 14 del mismo. Si hiciéramos una encuesta entre mujeres que realizan el método sintotérmico de forma habitual, veríamos que muy pocas responden a este patrón. Incluso entre mujeres con ciclos regulares de 28 días exactos, muchas no ovularían en esos días, sino unos pocos días después o quizá incluso algún día antes, teniendo unas fases lúteas más o menos largas con respecto a estas estandarizadas.

Por otro lado, el control que se tiene hoy día respecto del ciclo menstrual femenino es bastante más pobre que el que se tenía hace décadas. Estas mujeres que organizaban sus embarazos en faltas, tenían muy claro qué día habían tenido su último periodo, incluso muchas, sin sintotérmico ni nada, conocían cuándo ovulaban. La sabiduría popular, que se dice, de la que dependía en muchos casos el control de la natalidad de esa familia. Ahora, muchas tienen dudas sobre cuándo han tenido su última regla, pues no es un dato importante de cara a la contracepción con los métodos que existen hoy día. Yo misma, cuando empecé a buscar el embarazo de mi primer hijo, no tenía claros ni los rudimentos más básicos de la fertilidad femenina y pensaba, por ejemplo, que todos los días eran igual de fértiles en un ciclo, confundía mis habituales manchados pre-ovulatorios con la regla… Si por aquel entonces me hubiera quedado embarazada y  hubiera tenido que determinar cuál era mi FUR, es muy posible que me hubiera equivocado.

El avance en los métodos ecográficos hace que en algunas gestaciones se module la FPP en función de los datos obtenidos, cuando el bebé resulta ser (bastante) más grande o (bastante) más pequeño de lo que el sistema considera que debe ser. Aunque esto se haga con la intención de lograr una mayor exactitud, en algunos casos corresponderá a la realidad y en otros no. Habrá casos en los que la madre, efectivamente, se haya equivocado dando su fecha de último periodo y, por tanto, la ecografía realmente muestre con más precisión en qué momento de la gestación se encuentran. Sin embargo, conociendo el día exacto de la ovulación, la ecografía podría mostrar bebés que crecen más o menos deprisa pero no se movería la FPP porque no habría ninguna duda al respecto de la fecha y quedaría claro que la variación de tamaño respecto a la media se debe a la genética, al entorno uterino, etc etc.

Desde mi punto de vista, lo importante sería decidir qué importancia tiene esta falta de precisión. Si yo tuviera que contestar diría: depende.

Si el parto se desencadena de forma natural, la importancia es nula. Aunque no está del todo claro hoy día por qué se desencadena el alumbramiento, los estudios parecen indicar que es el bebé el que avisa de que está listo para nacer y, por tanto, llega al mundo justo en el momento en que está totalmente preparado para ello. Así que en estos casos da exáctamente igual si las cuentas oficiales dicen que el niño nació en la semana 39 cuando realmente era la 38, el bebé nació cuando tenía que nacer.

Sin embargo, algunos partos son inducidos o son cesáreas programadas, lo que significa que se elige una fecha para traer al bebé al mundo. Y esa fecha se escoge, casi siempre, atendiendo a los cálculos oficiales. Aquí es donde la falta de precisión puede tener cierta importancia. El cálculo oficial puede determinar que el embarazo está ya a término y que, por lo tanto, se puede practicar la intervención. Sin embargo, en una mujer de ciclos largos (como es mi caso), el desconocer o no atender a las cuentas no oficiales puede suponer que el bebé nazca antes de estar a término. Normalmente esto no tiene ninguna consecuencia pero podría traer algún problema al recién nacido que se pudiera haber evitado llevando unas cuentas propias, más precisas.

En mis dos embarazos he llevado esas dos cuentas distintas: las cuentas oficiales, que consideraban que yo tenía unos ciclos de 28 días que no he tenido jamás, y mis cuentas propias, adaptadas a los datos arrojados por el sintotérmico en el mes que me quedé embarazada. Teniendo ciclos largos y no del todo regulares, mis cuentas señalaban que había ovulado en torno al día 20 del ciclo y que, por lo tanto, el bebé tenía casi una semana menos de lo indicado por el cálculo oficial en el caso del Mayor y en torno a 4 días en este embarazo.

En mi caso, tiene poca importancia. Cuando elegí a mi actual ginecólogo, hace ya años, una de las cosas que más agradaron era que mirara mis gráficas del sintotérmico y las tuviera en cuenta. Curiosamente, en la clínica de ecografías a la que he acudido esta vez, en cada ecografía me han preguntado qué tipo de ciclos suelo tener, para tenerlo también en consideración. Una grata sorpresa, pues cuando hace años buscaba ginecólogo que averiguara por qué no conseguíamos quedarnos embarazados, era mencionar el sintotérmico y recibir respuestas de todo tipo menos de interés.

Mi humilde punto de vista es que cuando se tienen estos datos y el entorno médico los valora, todos ganan: el obstetra, obteniendo una información más precisa; el bebé, porque si tiene que salir antes al mundo, lo hará en el mejor momento posible (dentro de que no sea el día en que le tocaba) y, la madre, porque estará tranquila por su hijo y además sentirá que se la valora y se la tiene en cuenta a la hora de tomar decisiones.