Pensaba que yo era la única que se había dado cuenta de que existe un tipo especial de embarazada, cada vez más extendido, compuesto por mujeres a las que el embarazo no les preocupa en absoluto y no tienen ni el más mínimo interés por informarse sobre la gestación, el desarrollo fetal, las pruebas, las ecografías, si donar el cordón umbilical o guardarlo, etc. Pero el otro día salió el tema de conversación con una amiga embarazada (de las que sí se interesan) y esto me dió pie a consultárselo a otras madres recientes, coincidiendo todas en nuestra extrañeza.
Esto es una cuestión opinable, claro, pero desde mi punto de vista es incomprensible que una mujer embarazada no tenga interés en conocer qué hitos va alcanzando el feto durante las 40 semanas de gestación, saber qué cosas van a revisar cuando le hagan una ecografía, entender qué valores se registran cuando vas a “monitores”, o cuáles son los valores que se toman en cuenta para realizar el “triple screening”. Tampoco entiendo que no se preocupen por informarse sobre algo tan serio como conservar o donar la sangre del cordón umbilical. O sobre ponerse un suplemento para hacer más seguro el cinturón de seguridad cuando viajen en coche. O la importancia de tomar ácido fólico desde antes de la concepción. O lo poco recomendables que son los tacones…¡Tantas cosas!.
El embarazo es, ante todo, un estado fisiológico. Puedo entender (ya no me asombro de nada) que una mujer no conecte con la parte trascendental que todo embarazo tiene, pero que obvie la parte física…no lo comprendo.
Comentando este tema, he llegado a la conclusión de que, casi siempre, a este grupo pertenencen mujeres a las que la maternidad ha pillado de sorpresa. Probablemente consideraban la idea de tener hijos, pero no en el momento concreto en que se quedaron embarazadas. No han meditado la idea con la profundidad con la que lo hemos hecho las que “hemos ido a por ello” y, por tanto, son bastante inconscientes. Algunas de éstas  mujeres corresponden a ese grupo de parejas que tienen hijos por presión del entorno, porque todo el mundo a su alrededor comienza a tener hijos, por envidia (los bebés son muy ricos, sobre todo, de visita), porque se les va a pasar el arroz, por llevar a cabo su último capricho (llega un momento que las cosas materiales cada vez satisfacen por un periodo de tiempo más corto) o por darle chispa al matrimonio (¡qué gran error!).
Hace poco escuché a una de estas embarazadas pasotas decir “guardo el predictor sólo por el susto que me llevé cuando vi que era positivo“. Con eso me lo dijo todo.
Se me olvidaba añadir que estas embarazadas suelen tener poco respeto hacia las que sí nos interesamos, hacia las que hemos vivido la gestación como el episodio más trascendental de nuestras vidas. Nos dicen cosas como “¡ay, hija, pareces un manual de fertilidad y embarazo!” o “¿para qué te sirve saber tanto de puericultura?“. Claro que también influye que España es un país bastante paleto donde, tradicionalmente, la gente se rie de los que saben más. La incultura está de moda (pero ese es otro tema).