También podría haber titulado esta entrada como “comentarios impertinentes, primera parte”; podría hacer una larga lista de ellos, aunque creo que ahora han descendido un poco en número, quizá porque a una madre se la respeta más que a una embarazada, no estoy segura.

Durante mi embarazo tuve la suerte de no engordar más de 7 kilos. No hice nada al respecto y, de hecho, fue una gran sorpresa para mi, pues aunque no estoy gorda siempre he sido una persona con tendencia a engordar. Estaba convencida de que iba a formar parte de esas embarazadas que se ponen 20 kilos encima pero tuve suerte (supongo que para compensar otras cosas en las que no tuve tanta!).

Engordar 7 kilos significa, básicamente, que te crece la tripa y nada más que la tripa. En mi caso, me vi con las piernas más delgadas que nunca, si hasta tenía rodillas y tobillos!.

Pero, claro, cuando una está embarazada está deseando que se note la tripita para poder presumir de embarazo.

Yo no tuve una tripa evidente hasta la semana 23/24. Los vecinos y el resto de conocidos empezaron a preguntar por el embarazo cerca ya del séptimo mes. El día antes de la cesárea, con 39 semanas, tenía una barriga que mucha gente hubiera situado cerca del séptimo u octavo mes.

Cuando la gente empezaba a darse cuenta de que yo estaba embarazada y me felicitaban, decían cosas cómo “bueno, pues con tranquilidad, porque todavía te queda mucho por delante, ¿estás de tres o cuatro meses?”.

A mi me se ponía una cara entre el estupor y el cabreo más profundo, difícil de disimular. Tragando saliva contestaba “la verdad es que no me queda tanto, dos meses y poco”.

Ante esta contestación se observaban dos tipos de respuestas:

  • Algunas personas se daban cuenta de que habían metido la pata hasta el jamón y notaban que me había molestado. Normalmente en este grupo se incluyen madres recientes, especialmente si ellas también fueron de poca tripa.
  • Otras personas empeoraban aún más la cosa diciendo: “no puede ser, pero si no tienes naadaaaa de tripaaaa!”. El caso que comento hoy se encuentra entre estos últimos.

Acababa yo de hacerme la eco 4D, con 27 semanas, en la que me dijeron que mi bebé pesaba ya algo más de un kilo y estaba estupendamente. Yo, que iba ya con cierto complejo de poca tripa, pregunté a la doctora que me hizo la ecografía y me dijo que el tamaño de la tripa no dependía en absoluto del tamaño del niño sino de la calidad de los abdominales de cada mujer y de la mucha o poca grasa que acumuláramos en esa zona.

Días más tarde, entré en la farmacia de al lado de casa y estaba atendiendo la auxiliar, no la farmaceútica.

La mujer, de unos treinta y muchos o cuarenta y pocos, desconozo si con hijos o sin ellos, descubrió en ese momento que estaba embarazada y precedió a meter la pata calculándome unos cinco meses de embarazo. Repitiendo mi clásico patrón, la saqué de su error y la tía me contestó:

pero imposible, si esa tripa es diminuta, qué pasa, te han dicho que el niño viene pequeño?? está bien el niño, va todo bien???“.

Reconozco que en ese momento me quedé tan alucinada que no supe bien ni qué decir. La indignación me subió ya cuando estaba en el sofá de mi casa. En aquel instante sólo pude decirle que el bebé estaba muy bien, gracias, y desarrollándose correctamente.

Desde ese momento he evitado siempre que he podido volver a esa farmacia. La tía tuvo el santo morro de verme un día cuando mi bebé tenía ya un mes de vida y volver a preguntarme si todo había salido bien. Vamos, que a día de hoy todavía parece que no se ha acabado de creer que todo fuera normal, juzgándome, solamente, por el tamaño de mi tripa.

Obviando los comentarios de la gente, mi bebé nació en la semana 39 con 3 kilos de peso y 49 centímetros, sanito y guapísimo. No es un niño rollizo, pero sí es un niño larguito. De pequeño nada.

Así que, que le quede claro a todo el mundo, que el tamaño de la tripa no guarda relación, en absoluto, con el tamaño del bebé. Y la gente, que hable lo que quiera, pero con cuidado, porque como algun@s se muerdan la lengua, se envenenan.