Photo Credit: Jorge Elías via Compfight

De toda la vida hemos escuchado hablar del síndrome del nido pero yo, hasta ahora, no había podido aportar mi experiencia al respecto. No recuerdo haberlo tenido durante el embarazo del mayor, lamentablemente mi mente estaba demasiado ocupada en otras cosas, así que ahora quizá lo esté experimentando por partida doble… porque ando como una moto.

Por la noche trato de frenar el impulso y me obligo a permanecer en la cama aunque sea entre calambres y sofocos. Pero por el día tengo unas ganas irrefrenables de ordenar armarios, tirar ropa, poner lavadoras y, muy especialmente, ¡planchar!. ¡PLANCHAR!. Yo que en mi vida he tocado una plancha, que tiendo la ropa de la mejor manera posible para evitar arrugas y, como dice mi marido, termino planchándola con el calor del cuerpo, que no he planchado nunca nada del mayor… pues ahora he planchado hasta las manoplas de recién nacido que, por otra parte, no tengo ni intención de ponérselas. ¡Hasta las toallas he planchado!.

Lástima que no estoy en condiciones de subirme a una escalera, porque tengo unas ganas locas de limpiar las ventanas y lavar las cortinas… Yo sé de uno al que le va a tocar esa tarea en Semana Santa. Y ya que se sube a las alturas, una pasada de plumero en los techos tampoco vendría mal.

Ay, ¡qué bien me lo estoy pasando!. Si hasta he acuñado el hashtag #sindromedelnido para contar mis locuras…

Pues eso, que estoy muy atareada, así que no sé si en las próximas semanas voy a tener mucho tiempo para dedicárselo al cibermundo porque mis pocos ratos libres están requeteocupados.