Por mi experiencia, encuentro complicado que una mujer embarazada o una madre reciente me hable de cómo enfoca la sexualidad desde esta nueva circunstancia vital. Creo que sigue siendo un tema que la gente prefiere reservar, y eso que creo que compartir las dudas e inseguridades que nos pueden surgir en este aspecto puede ser muy beneficioso. Pero parece que nos da vergüenza compartirlo hasta con el ginecólogo.
En esto de la líbido no hay una regla, cada mujer y cada embarazo es distinto, lo que te apetece hoy puede que no te apetezca mañana.
El antes…
En mi caso, quedarme embarazada se convirtió en un “trabajo” 24 horas al día, 7 días a la semana. Deseaba tener un hijo y cuánto más lo deseaba, más tardaba en llegar. A esto podemos sumarle mi regla irregular y ya tenemos el coctel perfecto para obsesionarse. Nos hicimos pruebas de fertilidad y, al parecer, no teníamos ningún problema, así que era cuestión de tiempo. Empecé a aplicar el método sintotérmico para determinar mis días fértiles, algo que me ayudó muchísimo, así que los días en que había posibilidades eran un auténtico maratón. Los primeros meses probé el método un día sí, un día no, porque se supone que este método hace que no se agote la reserva espermática del varón. Sin embargo, el mes que me quedé embarazada lo hicimos 10 días seguidos, para que luego digan.
En esta época, como digo, el sexo se convirtió en una obligación. Porque si estaba ovulando o a punto ovular, había que hacerlo, apeteciera o no. Que, además, con ciclos de 33/35 días, ¡¡¡como para dejar pasar la ocasión!!!. No es que no lo disfrutara, que lo hacía, ¡pero muchos días me daba una gran pereza ponerme al tema!.
Durante…
Ya sabeis que no tuve un buen embarazo. Durante los primeros meses, el ginecólogo nos recomendó no mantener relaciones y me mandó progesterona. Nos había costado tanto que no estábamos dispuestos a echarlo a perder por un rato de gimnasia. Aunque, si hubiera podido, tampoco lo hubiera hecho. Con el cansancio, el sueño tan inmenso que tenía (sumado al que me producía la progesterona), el malestar, las ganas de devolver…no me apetecía en absoluto.
Después, cuando me encontré mejor y me levantaron el veto, siempre sentí un gran reparo. No por esas tonterías que se dicen de darle al niño con el pene en la cabeza. No sé, simplemente no me sentía cómoda. No podía olvidarme de que estaba embarazada así que no disfrutaba, no me podía entregar por completo.
Además, como sabeis, me puse fatal del asma así que tampoco estaba para hacer ningún tipo de esfuerzo y entre eso y lo mal que me encontraba psicológicamente, tampoco me sobraban las ganas.
Durante las últimas semanas, sin embargo, experimenté un gran aumento del deseo sexual. No sé si sabeis que cuando el bebé se encaja para salir, se hincha toda la zona genital, se llena de sangre, por la propia presión que hace sobre la zona. Eso hace que todo esté súper sensible y, en mi caso, muchas veces me encontraba excitada sin haber hecho absolutamente nada.
Hubiera sido un buen momento para retomar las relaciones, pero, insisto, yo no me sentía cómoda. Además, temía que las contracciones que se producen durante el orgasmo, o el semen, pudieran provocar un parto prematuro. El semen contiene una sustancia que ayuda a dilatar, que yo sepa. Y yo no quería tener un niño prematuro, por mucho que estuviera deseando dar a luz. Por otra parte, mi hijo no paraba de moverse, así que como para olvidar que estaba ahí dentro…Para mi, hubiera sido como incorporarle a la relación sexual y me asqueaba mucho sólo de pensarlo.
Después…
El postparto es una etapa curiosa, muy curiosa, por la cantidad de sentimientos que se desencadenan.
Aunque mi hijo nació por cesárea, hasta el mes y medio tuve una sensación vaginal muy extraña, aunque, según mi ginecólogo, totalmente normal. Me molestaba incluso al hacer pis. No era doloroso, pero tampoco agradable, no os lo puedo describir mejor. Sentía la vagina seca, deformada, muy estrecha…¡me pregunto que se sentirá tras un parto vaginal!.
En el plano sentimental, me sentí muy unida a mi marido. Verle con el niño hizo que me sintiera más próxima, más enamorada. Supuso pasar a otro plano de nuestra relación, una etapa muy bonita.
No fui capaz de respetar la cuarentena, y rompí mi abstinencia a los 30 días más o menos. Y lo he retomado con bastantes ganas, a pesar del cansancio, supongo que porque ahora todo vuelve a ser “normal”.
Eso sí, encuentro que la sexualidad ahora es distinta, porque siempre antepongo el bienestar de mi hijo. Necesito que esté dormido y tranquilo para poder concentrarme en lo mío. Y, curiosamente, ahora pienso “por favor, que no me vuelva a quedar embarazada, ¡¡¡ahora no!!!“.
Como ya he dicho en otras ocasiones, estoy en la mejor etapa de mi vida, incluido en este aspecto.
¿Os animais a contar vuestras experiencias?.