La experiencia con la matronatación está siendo un éxito. 
Tanto que me estoy dando de cabezazos con la pared por no haberme decidido antes. He estado dudando muchos meses. Vivimos en un barrio de Madrid donde este tipo de actividades para bebés simplemente no existen, imagino que porque no hay demanda por parte de la población. Pregunté en los dos polideportivos municipales más cercanos y en uno directamente no existía la actividad y en otro sí, pero a partir de 18 meses. En Internet localicé varios centros privados en otros barrios pero me tiraba para atrás que estaban lejos de casa, pensando sobre todo en el tráfico y en la dificultad de aparcamiento, y en parte también el precio. Finalmente, a principios de mes me decidí a solicitar información en el que más me había gustado de todos, un centro que se dedica única y exclusivamente a actividades para bebés y que, aún estando en otra localidad, me pilla a 15 minutos en coche. La información que me dieron me convenció y después de la clase de prueba gratuita, mi marido fue el que más animó para que le apuntara.
En este sitio, las primeras 20 clases se contemplan como un programa intensivo. Te recomiendan ir todos los días de la semana o al menos tres, de forma que el bebé pueda ir adquiriendo unas destrezas básicas en el agua y fuera de ella. A partir de ahí, las clases son una o dos veces a la semana, como uno quiera.
Con la de ayer, llevamos 5 clases. No sé si está bien o mal que yo lo diga, pero mi hijo está hecho el rey de la piscina. Como me decía ayer un padre, “no creo que haya otro niño aquí que disfrute y aproveche las clases como el tuyo“. Así es, desde que entra hasta que sale no para de chapotear, reirse, intentar nadar, tocar a otros niños, coger cosas. Es tan alucinante que sólo se explica viéndolo.
Las clases duran media hora. Para mi hijo es una duración adecuada. Probablemente él estaría más rato (el lunes lloró cuando se terminó la clase porque quería más) pero terminaría muy cansado (de hecho, casi todos los días se está quedando frito a la vuelta en el coche). Sin embargo, para otros bebés más pequeños, media hora es demasiado por lo que algunos padres terminan saliéndose antes.
En estas poquitas clases hemos visto ya muchos avances. No es que mi hijo tuviera miedo al agua, más bien todo lo contrario, pero por ejemplo ahora ya sabe cómo se realizan los buceos e incluso pone cara de concentración y se prepara cerrando los ojos antes de la inmersión. Es muy divertido. Lo mismo cuando le sientas en el borde de la piscina y tiras su patito, que busca nuestras manos antes de tirarse al agua. Graciosísimo.
La piscina está a 32ºC y el ambiente exterior está muy caldeado. Está pensando así especialmente para los bebés, algo que tengo muy en cuenta, al igual que otros factores que me han conquistado de este sitio como la limpieza, el cuidado del agua, lo cuidadas que están las instalaciones (al ser un sitio sólo para bebés, los vestuarios se ve que están preparados, con cunas de viaje para que puedas dejar al niño mientras te cambias y otros detalles de este estilo). 
El monitor también me gusta mucho, se le ve con experiencia y muy animoso. Me gusta el mimo que le pone a su trabajo y los recursos que tiene para que mi hijo le preste un mínimo de atención, que no es fácil.
Las clases también sirven para que yo me ponga un poquito en forma. Manejar a mi hijo dentro del agua no es nada fácil con lo mucho que se mueve así que algo de deporte estoy haciendo. 
Y, por otro lado, estoy observando a otros bebés, algo que no hago habitualmente por no tener ninguno cerca. Es increíble ver como ya tan pequeños cada uno es de su padre y de su madre, cada uno con su carácter y sus manías. De nuevo, sin ánimo de ser yo madre en plan “mi hijo más”, lo cierto es que mi bebito destaca por encima de todos. Y no sólo porque su blanco nuclear deslumbra en la piscina, sino porque mientras los demás bebés se dejan llevar, apenas se ríen y tengo dudas sobre si disfrutan o no, mi hijo palmotea, chapotea, se sumerge, llora de la risa, intenta tocar a otros niños, quitarles su pato, salir nadando sin el churro, tirarse a la piscina antes de que le toque su turno, arrastrarse en la colchoneta cuando toca estar sentado… Como dije hace poco, ya ha conquistado a algunos padres con los que coincido y no me extraña, si yo estoy sorprendida con sus hijos tan tranquilos, ellos deben estar sorprendidos con el carácter alegre, risueño y afable del mío.
Tengo que reconocer que el verle tan feliz haciendo actividades que le resultan divertidas y con otros niños me relaja un poco de cara a la guardería. Al margen de que yo siga pensando lo que pienso, veo que mi hijo no va a sufrir demasiado, se lo va a pasar bien con otros bebés y haciendo actividades más divertidas que estar en el parque mientras yo trato de recoger la casa. Y viendo lo tranquilo que se marcha con su monitor, no tengo ninguna duda de que con la educadora hará lo mismo.
 
Además, las tardes están siendo mucho más divertidas. Las mañanas en casa las pasamos bastante bien, pero las tardes se estaban convirtiendo en una sucesión de quejas y lloriqueos, supongo que de aburrimiento, pero el calor tampoco permite otra cosa. Ahora al menos empleamos la tarde en algo mucho más entretenido, haciendo ejercicio los dos juntos.
Si alguien está dudando sobre si hacer matronatación o no, yo por lo menos probaría. Desde mi punto de vista, es mejor esperar a que el bebé se siente por si mismo sin problemas, antes me parece demasiado pronto para que disfruten. Hay algunos bebés de 5 ó 6 meses y los veo demasiado pequeños, de hecho muchas veces lloran y parecen estar a disgusto. Creo que la edad ideal empezaría sobre los 7/8 meses.
Se nota que estoy encantada, ¿no?.