En primavera, es decir, dentro de nada, el Peque cumplirá 4 años.

No hay semana que no reciba un mail en el que otras familias con bebés de alta demanda me preguntáis acerca de qué podéis esperar cuando vuestro hijo deje de ser un bebé y se convierta en un niño. Porque la esperanza es lo último que se pierde y uno desearía que las características de la alta demanda se diluyeran con el paso del tiempo.

Me encantaría poder daros esas esperanzas que muchos necesitáis y deciros que todo genial pero…

  1. Cada niño es un mundo, de modo que no puedo vaticinar cómo se desarrollarán las cosas (aunque lo intuyo, obviamente).
  2. Puestos a hablar de lo que nosotros vivimos, no os voy a engañar con una realidad que, desde luego, no es la nuestra.

Así que lo que voy a hacer es lo que sí está en mi mano: explicarlos cuál es nuestra vivencia y cuáles son las conclusiones que de ella sacamos.

Tengo claro que:

– La alta demanda es una condición del temperamento individual, un carácter, una forma de ser. Llamadlo cómo mejor os parezca pero definitivamente no es una enfermedad, no es una patología, no es una disfunción. Por tanto, no es algo que vaya a desaparecer con el paso del tiempo igual que mejoran los cólicos o las regurgitaciones (por decir algo). Tampoco es una etiqueta peyorativa, como algunos reprochan… (ay, almas cándidas, cómo se nota que no tenéis uno en casa…)

– El bebé de alta demanda se convierte en un niño de alta demanda. Y el niño de alta demanda en un adolescente de alta demanda. Y el adolescente de alta demanda, en un adulto de alta demanda.

– El niño de alta demanda, conforme vaya madurando, puede empezar a entender la necesidad de modular su carácter en busca de su propia felicidad y la de los que le rodean, teniendo siempre claro que lo que hoy nos parece asfixiante, mañana serán virtudes extraordinarias en un adulto, virtudes que probablemente muchos envidiemos.

– Igual que las personas no somos iguales unas a otras, los niños de alta demanda tampoco son idénticos. Comparten unas características muy claras, que yo resumiría en:

  • Necesidad constante de estímulos,
  • Ansia por aprender,
  • Con frecuencia una notable precocidad,
  • Necesidad de atención y contacto constante,
  • Una voluntad inquebrantable,
  • Gran sensibilidad emocional,
  • Activos incansables tanto física como intelectualmente,
  • Absorbentes, asfixiantes, muy persistentes.

Pero a cada uno le afectan de una forma diferente.

Esto parece una obviedad pero creo que es importante resaltarlo porque creo que no hay mayor desigualdad que tratar a todo el mundo por igual.

Sospecho (pero no tengo datos suficientes para afirmarlo con rotundidad) que puede existir una relación entre alta demanda y alta capacidad. Desde luego, en nuestra casa es muy pronto para afirmar tal cosa, pero observo rasgos en el Peque que me hacen pensar que su precocidad, su torbellino físico y esa necesidad tan imperiosa que siente por aprender sin medida alguna pueden ser muestras de una capacidad intelectual superior a la media (algo que, antes de que nadie se apresure a aventurar que me encanta y por eso lo cuento aquí para jactarme de ello, ya os adelanto que no me entusiasma en absoluto y que preferiría que no fuera así porque si algo quiero en esta vida es que mis hijos sean felices y no creo que destacar facilite en nada ese aspecto).

 

¿Cómo es mi pequeño bicho de alta demanda con sus casi cuatro años?

 En lo físico

Muy fuerte y muy hábil. Como suelo decir, es pequeño pero matón. Tiene una fuerza tremenda para cargar peso, golpear o empujar, corre deprisa, trepa como un mono, no hay obstáculo que se le resista, insisto, a pesar de su escasa altura (95 cm aprox.) y poco peso (unos 14 kilos).

Incansable. Se levanta como muy tarde a las 8 de la mañana y, aunque no puedo decir que vaya a la cama obligado, tiene marcha de sobra para aguantar hasta la media noche. Rara vez se echa siesta y todas las horas que pasa despierto las pasa en movimiento, no es habitual en él que esté sentado realizando actividades tranquilas.

En su relación con los demás

Es un niño que prefiere estar con adultos o, al menos, con niños mayores. Aunque supongo que puede influir ser el pequeño de la familia, creo que la razón fundamental es que los mayores son una fuente inagotable de enseñanza y eso es lo que él quiere: aprender cuanto más mejor y cuánto antes mejor.

Sabe muy bien adaptarse a las circunstancias. Sabe lo que tiene que hacer en cada sitio y cómo camelarse a la gente. En el cole, por ejemplo, por lo que nos cuentan es una auténtico encanto: obediente, trabajador, fiel cumplidor de las normas, redicho y sensato. ¡No nos creerían si les contamos lo que vivimos nosotros!

No para de hablar. Esto ya lo he contado en otros posts, tengo dos niños que no callan. Tengo entendido que en el cole sí calla (revisar punto anterior) pero lo que es fuera del cole… sin parar las 12 o 14 horas que está despierto. Y, para que voy a ahondar de nuevo en el tema: es asfixiante. Seguirle la conversación, razonar con él, contestarle a tantas cosas que pregunta… Necesitaría ocuparme sólo de eso en el día para no tener mi cerebro al borde del estallido… y aún así no estoy segura de no acabar con la cabeza loca.

En lo emocional

Esta es la parte más delicada pues, como conté hace no mucho, ahora mismo estamos pasando una etapa de crisis.

Si meses atrás podía tener alguna duda, ahora mismo tengo claro que la transición de bebé de alta demanda a niño de alta demanda está resultando dura para él.

Ese exceso de sensatez que ha tenido siempre, hasta niveles que yo francamente creo que no eran normales, ahora se ha vuelto en su contra. A menudo creo que siente una fuerte confrontación interior entre lo que él sabe que es lo correcto, lo sensato y lo esperable, y lo que su diablillo interior quiere que haga: rebelarse, decir a todo que no, desobedecer sistemáticamente hasta por las cosas más absurdas y montar el pollo por el más mínimo contratiempo.

Como digo, creo que su sensatez, la ausencia de rabietas, el diálogo tan adulto que teníamos, era demasiado para un niño tan pequeño, un niño que con dos años parecía el hermano mayor de la familia. Así que aunque esté siendo difícil de soportar, entiendo perfectamente que necesite pasar por esta etapa. ¡La pasaremos como buenamente podamos!

El conflicto interno más fuerte es ese, pero tiene otro bastante evidente: el temor a dejar de ser bebé. Ahora mismo tenemos un constante ir y venir de tetita que no acabamos de aclarar. Se destetó a finales de verano, durante unas semanas se olvidó completamente de la tetita, pero muchos día la necesita intensamente. No para mamar sino para colocar sus morritos, tocarla, besarla, abrazarse a ella… Y a lo mejor al día siguiente no quiere saber nada del tema porque eso es de bebés. Y así nos ocurre también con dormir o no acompañado, ir o no al baño solito, montarse o no en una mochila portabebés, entretenerse con algo tranquilamente o salir corriendo angustiado por el pasillo a buscarme porque le da pánico quedarse solo y pasarse el día pegado a mi como si tuviéramos un velcro… ¿Tiene miedo a que dejemos de quererle cuando deje de ser un bebé? A veces lo parece.

 

Para resumir todo en pocas palabras y ser lo más sincera posible: el Peque es agotador. Pero al mismo tiempo es un tipo genial.

El paso de bebé de alta demanda a niño de alta demanda está siendo confuso, estresante y frustrante. Acompañarle no es fácil, no lo ha sido desde el minuto uno.

Es un reto agotador que a menudo siento que hago horriblemente mal.

Pero veo un futuro maravilloso al otro lado.

Espero que eso os sirva 😉

Foto | Gordon en Flickr CC