¿Te sientes frustrada porque tus hijos no te hacen caso? ¡No sabes cuánto te comprendo! El “NO” no funciona. Y hay razones muy poderosas para ello. En su lugar, te propongo hoy 10 alternativas positivas para poner límites a tus hijos.

Siempre digo que criar a mis hijos es el mayor reto de mi vida. No es sólo porque me tomo muy en serio esa responsabilidad sino por cómo la crianza logra ponerme al límite casi a diario, poniéndome en situaciones en las que nunca me hubiera imaginado estar. Es un aprendizaje constante. Y a menudo resulta tremendamente agotador.

¿Te sientes cansada? ¿Perdida? A mi también me pasa. Porque cuando van cediendo las noches de no dormir, los trescientos cambios diarios de pañal, las largas horas dando el pecho o lo que sea que te desgastaba físicamente, llega el momento en que los niños comienzan a descubrir el mundo y, con este gran paso, aparece la palabra EDUCACIÓN en tu vida y además así, escrito en mayúsculas.

Hay quien asegura que todo es una balsa de aceite. Que tienen niños buenos, obedientes, que no han dado nunca un problema. Pues oye, ¡que dure, que dure! 😉

Si, como yo, estás agotada, hoy me voy a permitir decirte una cosa de tú a tú, ahora que no nos oye nadie:

Decir NO mil veces al día a tus hijos no los va a hacer más obedientes, ni menos inquietos, ni más razonables. No va a servir para nada más que para deteriorar vuestra relación.

La crianza es un como caminar por una cuerda de equilibrio. Un ejercicio de funambulismo en el que nunca sabes si vas a conseguir mantenerte en la cuerda floja o te vas a caer al vacío. Una mezcla entre técnica, responsabilidad (mmm, he vuelto a usar la palabra responsabilidad) y fe.

 

Los niños necesitan límites

Sí, nadie duda de que los niños necesitan límites (expresión que odio, dicho sea de paso).

Una de las principales críticas que hacen quiénes conocen la crianza respetuosa a la ligera es asegurar que los niños no pueden crecer sin límites. ¡Pero nadie dice lo contrario!

La crianza es una balanza.

La crianza consciente no es dar a los niños todo lo que quieran (¡nadie dijo otra cosa!), sino ayudarles a crecer con los límites naturales de una forma respetuosa con su desarrollo, potenciando sus habilidades y su autoestima.

Hablo de límites naturales porque los límites existen de forma natural. En el día a día un ser humano descubre que sus actividades pueden causar daño a los demás, a su entorno e incluso a uno mismo. Cómo integremos esto es el gran reto de la educación, tal como yo lo veo.

Por cierto, que viendo cómo tantos y tantos adultos se pasan por el forro los límites, incluso los que le dañan a uno mismo, sería para que la sociedad se planteara si no son los adultos quienes más necesitan estos famosos límites… Pero eso ya es otra historia…

 

Pero los adultos podemos guiarles de forma respetuosa 

Estoy segura de que me habréis escuchado decir muchas veces que la responsabilidad a día de hoy la tengo yo porque que soy la adulta de la relación.

Obviamente los niños van asumiendo las riendas de su vida de forma progresiva, pero no estoy conforme con la inmensa presión social que se pone sobre los niños desde el primer día en que nacen, asegurando que lloran para manipularnos y siguiendo por una interminable lista de malos comportamientos que, en realidad, no son más que su propio desarrollo natural.

Así que, como persona adulta y con recursos, como madre interesada en ofrecer a mis hijos lo mejor de mi inteligencia emocional, siento que es mi obligación mejorar cada día para ofrecerles lo mejor de mi.

 

Decir “NO” no funciona

La primera vez que le dices NO a un niño es posible que te obedezca. Algunos dan un brinco tremendo. Y lloran. Porque no pueden creer que en su actividad natural de exploración su padre/madre les acabe de frenar con una palabra tan tajante.

Entonces llegan las rabietas y la tensión va subiendo porque el niño, que aún es un bebé, sigue queriendo explorar y nosotros seguimos insistiendo en decirle a todo que NO. Esto es así desde que el mundo es mundo: ellos van descubriendo y nosotros vamos prohibiendo porque, reconozcámoslo, la capacidad de los niños para ponerse en peligro, o poner en peligro a los demás, o simplemente de hacer cosas inadecuadas para un mundo adulto, es casi infinita.

Personalmente creo que el objetivo no es que un niño no se enfade. Ni siquiera que no tenga una rabieta. No quiero que el día de mañana mis hijos sean dos adultos reprimidos como hemos sido muchos de nosotros.

Los sentimientos son válidos, pero no las reacciones que a veces tenemos.

Es una frase que me repito mucho mentalmente y que ahora que van siendo algo mayores también les digo muy a menudo. La cuestión no es enfadarse o no frustrarse. ¿En serio queremos adultos a los que TODO les parezca bien y vivan en los Mundos de Yupi? No, yo lo que quiero es que sean adultos emocionalmente maduros, capaces de gestionar sus sentimientos sin causarse daño a si mismos ni a los demás.

Pues bien, cuando dices que NO a todas horas llega un momento, más pronto que tarde, en que los niños ya no te obedecen.

Es posible que cuando son muy pequeños pueda funcionar con determinados niños. Pero te aseguro que llega un momento en que deja de ser efectivo. Te lo dice una con dos niños muy complejos, uno de los cuales acaba de cumplir 7 😉

¿Sabes por qué pasa esto? Porque son pequeñitos pero no son tontos. El ser humano no está diseñado para obedecer sin más, sino para entender. Y entendemos mucho mejor las cosas cuando las integramos que cuando nos las imponen. Más aún en un mundo en el que tenemos acceso a tanta información y ya no nos vale el porque lo digo yo o el porque esto siempre se ha hecho así.

Pero es que además pensemos un momento en cuánta negatividad transmitimos cada día a nuestros hijos. ¿Os imagináis estar en un entorno donde todo el tiempo os dijeran que NO y os impidieran ser vosotros mismos? Sería realmente insoportable. Es como tener un jefe déspota y poco cualificado que machaca cada vez que abre la boca. En lugar de eso, podemos optar ser líderes motivadores, que inspiren, que acompañen, que  hagan crecer.

 

Entonces, ¿qué hacemos para que los niños obedezcan?

Tres etapas para entender el NO

1.- Los niños muy pequeños no entienden el NO. Te obedecen porque les das miedo, les asustas, porque te quieren y no quieren contrariarte. Porque tienen miedo a que les dejes de querer o de cuidar y momentáneamente les puede más ese miedo que sus ganas de explorar. Cuando un niño menor de 3-4 años deja de hacer una cosa porque tu le has dicho que no, en realidad no le has convencido de nada y volverá a repetir lo mismo en cuanto tenga ocasión entre otras razones porque la próxima vez que se le ocurra ni se acordará de que le habías prohibido nada ya que, para él, simplemente no tiene sentido que le pongas límites a su necesidad de descubrir.

En esta etapa es mejorar distraer, redirigir, sorprender y mimar. Dado que no entienden aún por qué les negamos cosas, es más sencillo para todos canalizar su interés hacia otra cosa.

2.- Los niños mayores de 4-5 años van entendiendo de forma natural que en la vida hay límites. A menudo este es el momento de más tensión y rabietas y no la etapa anterior. Esto se debe a que los niños sienten una gran frustración al descubrir por si mismos que la vida no es tan de color de rosa como parecía. Además, en esta etapa también es cuando descubren que se puede retar a los padres (otra expresión que detesto).

En lugar de cortar la situación con un NO tajante, podemos empatizar con ellos, indicarles qué esperamos y acompañarles en el proceso (que muchas veces no les agradará).

Esto no quiere decir que no se vayan a enfadar. De hecho es muy probable que lo hagan exactamente igual. Pero el ambiente que estamos creando es muy distinto. No es lo mismo ponerte en su lugar, hablarles desde su altura, explicarles qué es lo que esperas, por qué lo esperas y ayudarles a superar la rabia que les produce que limitarte a soltar un NO a grito pelao y a continuación castigar cuando te desobedezcan.

3.- Los adolescencia es la etapa en la que los padres nos caemos del pedestal. Os confieso que espero no tener que caer de él porque si algo le dejo claro a mis hijos es que tengo más experiencia que ellos, y más conocimientos, pero no soy infalible ni tampoco inagotable. Lo cierto es que en la adolescencia los padres perdemos autoridad (a todos los niveles) y los niños (ya no tan niños) comienzan a tener las ideas más claras.

Me parece fundamental haber creado una buena base anterior, basada en la confianza y en el respeto a todos los niveles para poder decir que NO sin miedo pero tampoco de forma arbitraria (nada menos eficaz que un NO absurdo a un adolescente). 

 

La crianza consciente es el camino largo

Como hoy estamos así hablando sin que nos escuche nadie, te voy a hacer otra confesión:

La crianza respetuosa es el camino largo. Pero largo largo largo… ¿He dicho ya que muy largo? 😉

Habrá días que pienses “madre mía, ¿lo estaré haciendo bien? ¿realmente entienden algo de lo que les digo?”

Vas a tener días de querer mandar a la porra todo lo que has trabajado durante años y pasarte a los gritos, las amenazas, los castigos… Incluso es posible que algún día que estés al límite tengas ganas de soltar un zascazo. Sí, los adultos también sentimos rabia, ira, impotencia, frustración, dolor… y más aún cuando se trata de nuestros hijos. Créeme, mis hijos me han llevado a extremos en los que jamás pensé en estar.

Pero, ¿sabes qué? FUNCIONA. Es un camino largo, que requiere de ti mucho esfuerzo, paciencia, humildad, perseverancia, un chubasquero para aguantar las críticas y fuerzas para recorrer un camino de introspección que consume mucho. Pero la recompensa llega y ese día verás que todo ha merecido la pena.

Cuando la sociedad grita, castiga, ridiculiza, amenaza o pega a los niños, al final los domestica. Sí, el camino tradicional es un camino mucho más corto. El niño acaba aprendiendo que si no se comporta todo irá muy mal. Y, como decía antes, los niños no son tontos. El objetivo se consigue más o menos rápido: un niño sumiso, con miedo, que hará siempre lo que le digan. Fin del problema (para la sociedad, claro).

Pero como yo no quiero eso (y seguramente tú tampoco y por eso me lees) hemos optado por el camino largo. Yo apuesto por adultos emocionalmente sanos, capaces de tomar sus propias decisiones, sin miedo a sentir, conscientes de sus patrones mentales, responsables del efecto que sus acciones tienen en los demás y en el mundo que les rodea. Y todo eso no se consigue mediante la represión, la imposición o el chantaje.

Cuando a los niños les das explicaciones de por qué una cosa no se puede hacer, te replicarán y te replicarán… Es muy cansado. Y creo que quizá esto explica, en parte, por qué mis hijos hablan tantísimo 😉 Pero les estamos dando herramientas para entender el mundo y entenderse a si mismos, que es exactamente lo que necesitan para crecer como futuros adultos.

 

Alternativas positivas para poner límites a tus hijos

La teoría está muy bien pero la práctica es complicada. Lo sé. No siempre es fácil evitar repetir el NO una y otra vez.

A continuación te doy algunas sugerencias que a mi me funcionan bien.

10 formas de decir NO sin que lo parezca
  1. Anticiparnos a lo que va a ocurrir. Hay momentos en que ya sabemos que vamos a tener que decir que no, podemos anticiparlo para que sepan lo que hay que hacer. Es muy posible que de este modo no lleguemos a necesitar impedirles nada. Por ejemplo “vamos a llegar a una rampa, bajarla con el patinete es peligroso“, en lugar de decir “NO puedes bajar la rampa montado en el patinete
  2. No dar opción a su negativa. Mi hijo pequeño tiene una gran resistencia a lavarse los dientes. En lugar de forzarle a que se los lave, es mucho más fácil darle dos alternativas que no incluyen el NO “¿te lavas tú los dientes o te los lavo yo?
  3. Adelantar lo bueno que viene después. Algo así como “si acabamos rápido de cenar podremos leer un cuento” en lugar de “estás tardando muchísimo así que hoy NO vamos a leer un cuento“.
  4. Dejar clara la consecuencia natural. En nuestra casa tenemos un ejemplo clarísimo: “si no recoges tus juguetes, la perra se los comerá en cuanto salgamos de casa“. No es una amenaza, es una realidad. Nuestra perra cumple la máxima juguete que pilla juguete que se come. Así que más nos vale no dejar nada por medio 😉 Esta opción me encanta porque, en definitiva, les estamos explicando cómo es el mundo. Como decía antes, el mundo ya se encarga de poner sus límites naturales.
  5. Consultarles su opinión. “¿Qué podemos hacer para que yo pueda trabajar y tu estés entretenido?” en lugar de “ahora NO voy a jugar porque estoy tengo que hacer una tarea urgente
  6. Explicarles claramente lo que se espera de ellos. Para nosotros está muy muy claro pero para los niños no tanto. “Tenemos que salir de casa a las 08.55 (enseñándoles el reloj)“.
  7. Reconocer nuestros propios sentimientos y animarles a empatizar. “Me siento triste cuando os peláis, ¿qué podemos hacer para que resolváis vuestros conflictos?
  8. Pedir ayuda. Por ejemplo, para cocinar, una actividad muy entretenida en la que pueden participar desde bastante pequeñitos. Mejor evitar el “NO voy a jugar ahora porque tengo que hacer la comida” y sustituirlo por “Ahora tengo que hacer la comida, ¿me ayudas a prepararla?
  9. Validar sus sentimientos pero no las acciones. “Entiendo que estás muy enfadado pero si pegas haces daño. Los conflictos se resuelven llegando a un acuerdo y sin dañar a los demás” Lo que os decía antes: lo sentimientos están bien, pero no todas las acciones que de ellos derivan.
  10. Ayudarles a explorar sin ponerse en peligro. Coincidiremos en que la cocina es uno de los lugares más peligrosos de la casa. ¡Y más tentadores! Nosotros hemos preferido siempre acompañares en su ansia exploradora anticipándoles los peligros pero dejándoles experimentar. Por ejemplo en lugar de decir, además gritando, “¡NO toques el horno que te quemas!” me gusta más decir “el horno está muy muy caliente, ¿te acompaño a acercarte para que lo compruebes?” Un niño que ha experimentado que junto al horno hace un calor tremendo de manera natural habrá comprobado que puede quedarse. En cambio, si le mantenemos siempre a varios metros, tarde o temprano querrá acercarse a experimentarlo por si solo, quién sabe si justo en el momento menos oportuno.

 

Lecturas inspiradoras 

Como esto no es nada fácil (y muchos además llevamos una mochila muy pesada), nunca está de más tomar inspiración de los expertos.

Aquí os dejo algunas lecturas que a mi me han gustado, algunas de las cuales las tenéis en mis 10 libros imprescindibles sobre crianza y maternidad.

 

Espero que os sea de utilidad este post y que cada día intentamos decir menos veces “NO”, que además de cargar el ambiente de negatividad, no funciona. Yo os he propuesto 10 alternativas positivas para poner límites a tus hijos. ¿Tenéis alguna más? Os invito a compartirlas en los comentarios.