¡Cómo somos de contradictorias las personas!, yo a la cabeza, desde luego. El embarazo fue malo tirando a malísimo y estaba deseando llegar al final con todas mis fuerzas. Por fin llega el día, doy a luz, tengo a mi bebé conmigo, ¡y tampoco estoy a gusto!.
Los tres primeros meses estaba muy perdida. No me reconocía en mi identidad anterior al embarazo, me sentía mucho más próxima a mi identidad de embarazada pero, obviamente, ya no tenía bombo, nada se movía en mi interior, las hormonas iban volviendo a su cauce, mi tensión alcanzaba niveles normales, respiraba con más facilidad… No era depresión postparto porque estaba muy feliz, pero sí que sentía un cierto vértigo existencial, una sensación de andar por la cuerda floja sin saber muy bien hasta cuando. Era algo psicológico pero también físico: 
– Un cuerpo distinto, ni embarazado ni como estaba antes. 
– Un estado físico al que una no estaba acostumbrada: michelín descolgado, brutal caída del pelo, efecto rebote de grasa en el pelo y en la cara, ojeras, mucho cansancio, dolor de espalda y de brazos (de cargar al bebé a todas horas llegué a tener tortícolis)… Lo que viene siendo una piltrafa, vamos. 
– Un armario lleno de ropa que no me podía poner. Pero no me sentía cómoda usando ropa de embarazada, me parecía que ponérmela era engañarme a mi misma.
– Un estado hormonal desconocido. Después de haber controlado el estado “alterado” del embarazo, la etapa del postparto es totalmente nueva y cuesta adaptarse.
– Las primeras semanas, con poco sueño, 24 horas pegada al bebé con la teta fuera y  muchas visitas es fácil perder el concepto de uno mismo, todavía sentía esa sensación de ser un “huevo kinder”, no tenía asumido que ahora éramos dos entes independientes.
– Usar las cosas del bebé por primera vez me parecía raro: la primera vez que usamos la bañera, las primeras veces que le cambias el pañal o le pones la ropita que compraste con tanto mimo, la primera vez que sales a la calle con el carrito del niño, la primera vez que le montas en el coche… Vives en un estreno constante de cosas, en actividades completamente nuevas.
Durante meses pensaba que era rarísimo lo que me estaba pasando, pero en la consulta del ginecólogo, la última vez que fui, en una revista leí un artículo que describía lo que yo estaba pasando y se llamaba así: estado de desembarazo. Creo que se inventaron la expresión (he buscado en la RAE y no viene con esa acepción) pero el artículo describía exactamente lo que yo sentía. ¡Vaya, no soy la única!.
Afortunadamente, he ido encontrado mi hueco en el mundo. A partir del cuarto / quinto mes empecé a encontrarme más centrada y a acostumbrarme a mi nueva identidad y mi nuevo cuerpo. Yo no sé por qué pensaba que cuando diera a luz todo volvería a ser como antes, ¡qué tontería!. Básicamente sigo siendo yo, claro… ¡pero he cambiado mucho! (hasta entiendo mejor a mis padres, que ya es decir…).
¿Alguna otra que lo haya experimentado?.