Desde niña quise tener animales pero nunca hubo manera de convencer a mis padres. Afortunadamente, una de las primeras cosas que me encantaron de mi marido es que es un gran amante de todos los animales, así que en cuanto pudimos adoptamos un gato, luego otro y, finalmente, una perrita.
Mis tres animales son adoptados y no son “de marca”. El objeto de esta entrada no es valorar lo desable que sería adoptar un animal y no comprarlo, pero lo comento porque considero que cuando uno adopta un animal abandonado lo hace porque es especialmente sensible al sufrimiento de todos estos bichitos de cuatro patas. Nuestra decisión fue meditada y responsable. Nuestros “bichos” han sido siempre nuestros hijos de cuatro patas y ese sentimiento no es algo que se pueda hacer o deshacer de la mañana a la noche.
España es un país que sufre de un gran desprecio a los animales. Nuestra fiesta “nacional” son los toros, poco más hay que añadir: cabras tiradas desde camparios, maltratos variopintos a toros, a patos, gatos convertidos en panderetas, perros tirados a la basura una vez que dejan de servir para la caza…Una larga y bochornosa lista.
Así que no es de extrañar que, incluso antes de quedarme embarazada ya estuviera yo escuchando comentarios criticando que tuviéramos animales en casa. Mi suegra llegó a decir que teniendo dos gatos en casa nunca iba a quedarme embarazada. Al parecer, la Doctora Roselló, es “fantástica” doctora del programa que había en La 1 sobre salud, dedicado, creo yo, a personas muy mayores y de bajo nivel intelectual, había dicho que los gatos estaban prohibídisimos durante el embarazo porque contagiaban la peligrosísima toxoplasmosis.
A estas alturas ya debería yo saber que es inútil discutir con personas que no quieren entrar en razones. Lo único cierto es que los gatos no transmiten la toxoplasmosis por ciencia infusa. Para que eso suceda, el animal debe comer alimento contaminado (crudo) y sólo lo expulsaría por sus heces una vez en toda su vida, durante una semana. El ser humano debería comer esas heces contaminadas para contraer la enfermedad. Por eso es imposible que un gato que no sale a la calle y, por tanto, no come comida cruda, pueda contraerla. Pero es que, además, es mucho más fácil cogerla a través de verduras y frutas mal lavadas, porque en el campo cagan los animales de ganadería y ellos también pueden llevar el toxoplasma en sus heces.
Da igual que le cuentes una y mil veces esta explicación a la gente, es mucho más fácil quedarse con que los gatos son bichos malvados que provocan abortos y niños con siete cabezas, por decir algo.
Como mi embarazo pasó sin ningún problema respecto al niño, el tema de los gatos quedó zanjado.
Pero cuando ya estábamos llegando a la mitad empezaron entonces los comentarios sobre gatos que se lanzan encima de los bebés, gatos que se meten en las cunas y arañan a los bebés, perros que se comen a los bebés…Una larga enumeración de cuentos para no dormir, leyendas urbanas y mucha tontería que te empiezan a contar repetitivamente, para ver si te hace mella o, si no, por lo menos tocarte un poquito las narices.
Cuando ya me calentaban los suficiente yo terminaba diciendo que eran mis animales, yo era tan responsable de ellos como iba a serlo de mi hijo y que si surgían problemas los resolvería de la manera en que hay que hacerlo, consultando con un veterinario y/o con un etólogo. Por supuesto, esta contestación era un escándalo, porque igualar a mi hijo con mis animales es algo inconcebible para muchos de los que me escuchaban.
Hasta aquí los comentarios de la familia directa.
Porque luego tenemos los de la gente de la calle, que son pasmosos: “pero y tu que tienes tantos animales, ¿qué piensas hacer con ellos?“. Esta pregunta, obviamente, tiene una respuesta para esta gente: abandonarlos. Yo ya tenía una respuesta tipo, que podía haber grabado y repetido una y mil veces: “hacer? qué se supone que tengo que hacer? (ten narices de decirme que debo abandonarlos!!)“. Y aquí acababa la conversación, porque el impertinente de turno comprendía que conmigo habían tocado en hueso. Eso sí, la miradita de “ahí va la loca de los gatos” no me la quitaba nadie.
A día de hoy puedo decir que ni mis gatos ni mi perra han mostrado ni el más mínimo gesto de rechazo, agresividad o temor ante mi hijo. No sólo eso, sino que le respetan completamente. Los animales, que no son tontos, comprendieron, nada más olerle, que se trataba de un cachorro humano, que había que respetarlo, y que formaba parte de la manada.
No sólo eso. Durante el embarazo he estado convencida de que los tres sabían “lo que se cocía ahí dentro” y creo que no les sorprendió nada vernos regresar, en el mes de octubre, con un bebé humano. 
Ni qué decir tiene que los animales son irracionales y que siempre se debe estar vigilante. Se deben tomar unas precauciones básicas que son de puro sentido común, como no dejar al niño solo cuando los animales están zascandileando y jugando a lo bruto. Aunque, sobre todo, veo más peligro de que mi hijo eche mano a algún gato o a mi perra en cuanto tenga unos meses más que al revés.
Siento una pena tremenda cuando veo tanto desprecio hacia los animales y tanta falta de información, incluso entre los propios profesionales sanitarios. Mi cuñada está ahora embarazada y su ginecólogo le dijo que no se acercara a ningún gato (por cierto, gatos no tiene, pero sí dos mastines del tamaño de un poni!). ¿Cómo me deja a mi eso, que un médico, que además es joven, diga semejante burrada a una paciente?. Pues, ante mi familia política, me deja, una vez más, como “la loca de los gatos”. Desde mi punto de vista, una afirmación como esta debería ser motivo más que suficiente como para cambiar de ginecólogo. Igual que yo he ido a alergólogos que sin tener alergia ni a perros ni gatos me han recomendado no tenerlos. Pues le mando a hacer gárgaras y me cambio de profesional y punto. Porque, seamos sinceros, de malos profesionales, de cualquier sector, está lleno el mundo!.
Lo único que puedo añadir desde este rinconcito de desahogo es que los animales no son un juguete, que tienen sentimientos, que son muy fieles y que no se merecen ser abandonados por el hecho de tener un hijo., son perfectamente compatibles. Tener animales es muy educativo para un niño y es precioso enseñarle el respeto y el amor a todos los seres vivos y a la naturaleza. Y si surgen problemas, hay muchisimas soluciones antes que el abandono.
Aunque sea una frase muy explotada ya: “el no lo haría”.