Mi hijo se chupa el dedo. 
Durante la eco de las 12 semanas ya le vimos cómo lo hacía, así que en su caso se puede decir: lo ha hecho desde siempre.
Creo que empezó a meterse los deditos en la boca en torno al mes de vida. En poco tiempo, chuparse el pulgar de la mano izquierda se convirtió en una costumbre. En torno al tercer mes de vida, tenía en el dedito la ampolla de la ampolla de la ampolla, todas reventadas, y con una pinta bastante mala: el dedo parecía una chistorra.
Recuerdo que en la revisión de los tres meses se lo comentamos a la pediatra (que en aquella revisión no era la habitual sino una suplente). Nos echó la bronca, haciéndonos incluso un dibujo acerca del desastre de paladar que se le iba a quedar. No la critico, nos dijo lo que nos tenía que decir, pero eso no quita que yo saliera de allí sintiéndome bastante mal. Y es que desde fuera es fácil dar consejos, pero desde dentro, que te digan que sigas probando con el chupete cuando ya has comprado diez marcas y modelos distintos, cuando insistes, insistes e insistes y nada… pues da rabia, porque parece que es que no te lo tomas en serio, que no te importa o que te parecen monos los niños que se chupan el dedo (a mi no me lo parecen o al menos no más que los que chupan el chupete).
No sé por qué motivo, empezó a usar menos el pulgar. Yo lo achaco a los temas de la dentadura. Y es que con dos meses y algo empezó con los dolores de la boca y la pediatra, en aquella revisión de los tres meses, nos confirmó que los dientes estaban cuajando. Creo que aquel achuchón debió pasar y con la bajada del dolor, dejó un poco el vicio (por cierto, no le salió ningún diente hasta los 6 meses).
Así que tuvimos unos meses bastante “relajados”. Se seguía chupando el dedo, pero solamente para dormir. Le daba unas cuantas chupaditas, enseguida se quedaba frito y se le caía. El dedito se le sanó de inmediato, ya no tenía ni ampolla ni nada y yo pensé que habíamos pasado lo peor.
Pero no, con la salida de los primeros dientes fue cogiendo de nuevo el vicio. Y ahora, que llevamos un mes con un achuchón fuerte de los dientes, está todo el día con el dedo en la boca. La costumbre se ha extendido incluso a las comidas, a cuando tiene miedo o desconfía de alguien… Es su consuelo.
A mediodía, si no tiene demasiada hambre o está somnoliento, tengo que luchar para sacarle el dedo de la boca y poder meterle comida. Con una mano le sujeto el brazo (hace una fuerza tremenda) y con el otro le meto la cuchara. En cuanto suelto, otra vez para dentro. Si le sujeto el brazo más de dos cucharadas seguidas, llora desconsoladamente, se pone rojo, se atraganta y es probable que ya no quiera comer más. Así que he llegado a dejarle tranquilamente e ir intercalando cucharada-succión-cucharada-succión… Además de tardar un siglo, y de lo molesto que resulta para el que le alimenta, se pone perdido pero perdido de verdad, porque luego con la mano llena de puré se lo refriega por todos lados. Y no es que no tenga hambre, porque cuando no quiere comer lo deja bien clarito y ya te puedes poner como te pongas (además de que nunca nunca se me ocurriría alimentarle por la fuerza).
He probado muchas cosas. Durante la comida, y ante la negativa de sacarse el dedo, he probado a darle una cuchara para que la coja. Suele funcionar, pero en general lo único que funciona con él es que tenga hambre de verdad, lo cual, en su caso, es bastante poco habitual. Nunca tiene tanta hambre como para prescindir de su dedito.
Cuando está cansado, se frota los ojos, se toca las orejas, como todos los niños, pero también se chupa el dedo. Como tarde mucho en descansar (normalmente porque lucha contra quedarse dormido), puede pasarse un rato bien largo chupa que te chupa.
Ahora, además, está siendo muy complicado distinguir entre lo que es chuparse el dedo como vicio/consuelo y lo que es un dolor de dientes tremendo. Se muerde ambas manos, se mete todos los dedos y se masajea las encías, se muerde el brazo dejándose marcas.
¿Mordedores?. Lo mismo que los chupetes. Pasa de ellos, no le gusta tener en la boca nada que no sea su dedo. Los mira, les da veinte vueltas, los muerde un poco y finalmente los tira.
Miento, sí que le gusta tener cosas en la boca, pero todas las que no debe: mandos a distancia, cualquier papel, revista, libro que pille, los cinturones de su padre, un botón de una camisa que lleve quien esté con él, los zapatos, el borde de la cuna…
Chupetes y modelos he probado muchísimos: Nuk, Chicco, Avent, BebeDue, Suavinex… de látex, de silicona… No es cuestión del modelo de chupete. No ha succionado uno NUNCA. De recién nacido lo empujaba con la lengua y ponía cara de asco. Ahora aprieta la boca, mueve la cabeza, protesta, nos aparta las manos y le falta enseñarnos por dónde metérnoslo. Lo intento casi todos los días de lunes a viernes, a la hora de la siesta. Al final lo coge con las manos, le muerde la anilla, los bordes, se mete la tetina por un ojo, por la nariz, cualquier cosa menos su uso “correcto. Y el chupete siempre acaba en el mismo sitio: en el suelo.
Me recomendaron, cuando era tan pequeñito, ponerle una manopla. Los primeros días la chupaba tanto que en 15 minutos estaba chorreando baba. No pasó ni una semana cuando aprendió a pillar el borde con los labios y a tirar de ella. En 2 minutos ya se estaba chupando el dedo de nuevo.
¿Preocupada?. Relativamente. Es curioso como para mi hijo estoy teniendo la templanza que nunca he tenido para mi. El tema me preocupa en la medida de que es algo malo para él y que puede causarle problemas en un futuro. Ahora, no estoy excesivamente preocupada porque:
– No veo solución alguna y como se suele decir: “de lo que no tiene solución, ¿por qué procuparse?”.
– Tengo la confianza / esperanza de que cuando empiece a andar y a hablar pierda sentido el chuparse el dedo durante el día. Confío en que cuando pueda entender más y expresarse mejor, yo pueda explicarle que es malo, él pueda explicarme por qué lo hace y podamos buscar alguna solución.
– Pienso que aún es pequeño y los datos dicen que pasado el año de vida el hábito suele decaer en muchos niños.
– Según he leído, mientras el hábito se abandone antes de que salga la dentadura definitiva, los daños son menores y pueden incluso resolverse sin intervención médica alguna.
Debo decir que me ha ayudado bastante hablar con una persona (ella sabe quien es, ¡gracias!) cuyo hijo ha estado luchando por abandonar el hábito hasta hace poco, un hábito que ha tenido durante sus primeros años de vida. Su relato sobre la fuerza de voluntad del niño me ha animado mucho y creo que es un buen ejemplo de cómo ocuparse, como madre, de un problema pero sin preocuparse en exceso y sin crearle un trauma al niño.
Me encantaría que compartierais vuestras experiencias conmigo, creo que puede resultar muy útil. ¡Gracias!.