El día 10 empezó Mayor a ir al colegio. Ese primer día teníamos que llevar una bolsa enorme, que pesaba una tonelada, llena de material escolar (como para todo el colegio, cosa que merece post a parte) y una maleta igual de grande y pesada llena de libros. Considerando que tenía que llevar todo eso sin ayuda de otro adulto, más al niño de la mano, más a Bebé en alguna parte… decidí llevarme el carrito y llenar la cestilla de abajo al máximo.

A parte de que igualmente fui cargada como una mula y con nula capacidad de maniobra, fui arrollada sin compasión por una horda de niños emocionados y padres empujando con menos consideración que en las rebajas. Tanto fue así que en medio de la riada y viéndome incapaz de gestionar tantas cosas, a punto de volcar el carro tras haberse enganchado en la puerta de entrada, llevando demasiado peso en la mano que me quedaba libre (pues en la cestilla no podía meter todo) mascullé “a tomar por ** los libros” y debí poner tal cara de agobio que justo en el momento en que pensaba lanzar el maletín contra el suelo me rescató la conserje y me echó un cable con los bártulos.

Aunque no pensaba ir al colegio con el carro del pequeño porque voy muchísimo más cómoda con un portabebé, aquel día me quedó claro que es una pésima idea para cualquiera. Vamos, no sólo para quien lleve un bebé, sino para cualquiera que lleve un niño muy pequeño que aunque ande sea susceptible de ser atropellado. La que se forma en la entrada del colegio a las 9 de la mañana es de órdago, no me extraña que los pequeños lloren, ¡qué marabunta!.

Y no hablemos ya de cuando empiece el mal tiempo: lluvia, viento… No me imagino llevando mi paraguas, al Mayor con paraguas o en brazos, el carro con la burbuja… Y así en un patio lleno de niños y padres. ¡Quita, quita, el carro se queda en casa!.

Así que desde el día siguiente a aquel del estreno, vamos alternando portabebés y anda que no cambia la cosa. Que sí, que igualmente tengo que tener cuidado porque a la vez que empujan o se vuelven sin mirar le pueden meter un codo en la cabeza a Bebé (o hasta un cigarro, que de todo se ve), pero de cuidar su meloncito ya me ocupo yo. Voy ligera, cómoda, me muevo sin problemas, subo y bajo los escalones de entrada sin inmutarme…

El usar una mochila portabebés ergonómica me facilita la vida día tras día. Menos mal que descubrí lo estupendo que es esto del porteo.