El verano ha trastocado todos los horarios del bebito, que hasta el momento se dormía a las 20.30h con  puntualidad inglesa. El calor, más horas de luz, el achuchón de varios dientes al mismo tiempo y el descubrimiento de ponerse de pie con cualquier apoyo, todo influye para que ahora esté el pobre que no sabe si va o viene.
Predecir a qué hora se dormirá cada noche ahora es imposible. Unos pocos días ha seguido cayendo a las 20.30h y los demás días la horquilla está entre las 21.00h y las 23.30h.
El “problema” es que sigue sin perdonar su baño a las 20h. Con todo este calor, hemos intentado varias veces salir a la calle pasadas las 19h para dar una vueltecita, incluso tomarnos algo sus padres y retrasar su horario del baño y de la cena, en consonancia también con la larga siesta que está haciendo ahora después de comer (antes dormía apenas 30 minutos y ahora hay días que ha superado las 3 horas). ¡Error!. No hay día que no nos haya montado el pollo como hayamos rebasado la barrera de las 20h en la calle. 
Así que nada, baño a las 20h, en el que no para de frotarse los ojillos, cena a las 20.30 con los párpados casi cerrados y, a partir de ahí, el baile del borrachillo.
El baile del borrachillo es la denominación que le hemos puesto mi marido y yo a la performance que ejecuta el bebito desde que termina la cena y le llevamos casi dormido a la cuna hasta que finalmente cae. La secuencia es: caigo rendido en la cuna, me coloco boca abajo chupándome el dedito, voy elevando el culo, me siento mientras me caigo hacia todos los lados porque estoy muerto de sueño, me pongo de pie dando tumbos y pegándome golpes como un borracho hasta que entran papá y/o mamá, me vuelven a tumbar y vuelvo a empezar el baile hasta que agoto las pocas fuerzas que me quedan y no consigo volver a levantarme.
El baile se repite en un bucle sin fin durante mucho rato, a veces horas. El domingo pasado se durmió a las 20.30h, se despertó a las 23h y estuvimos hasta las 2 de la mañana con el bailecito, tanto en su cuna como en nuestra cama (en nuestra cama peor, porque cada vez que se levantaba cogía el mando a distancia de la tele y nos pegaba con él en la cabeza, a parte de que al irse para los lados nos pegaba unos coscorrones de aúpa).
Divertido es, hay que reconocerlo. Yo creo que si hiciéramos un vídeo y le pusiéramos musiquita playera iba a ser el éxito del verano en YouTube.