Ahora que David va a cumplir cuatro meses (el martes los cumple), me he puesto a ver fotos.

Observo que:
 

  • Al principio le hacía un millón de fotos y ahora cada vez le hago menos. Mal hecho, porque ahora es cuando más gracioso está. El cansancio hace mella hasta en esto.

  • Tenemos pocas fotos con él. Mi motivo principal para no salir es la mala cara con la que me veo cada vez que nos sacamos una foto juntos: el tan lozano y yo con estas ojeras (llega un momento que el color morado no lo tapas ni con escayola).
  • Cada vez le veo más guapo. Además, ahora empieza a tener ya carita de niño así que más o menos me hago a la idea de qué carita tendrá cuando sea algo mayor.
  • Sí que estaba delgadito cuando nació. Aunque no es un niño gordo, ahora tiene unas buenas lorcillas, sobre todo en las piernas.
  • Para ser rubito, tenía bastante pelo al nacer. A los cinco días ya se notaba que había perdido bastante y con 3 semanas estaba calvo desde la frente hasta la coronilla. Es la etapa en la que le he visto más feito. En las últimas semanas le está saliendo más pelito, sobre todo en las zonas donde más calvo se quedó, aunque la coronilla sigue siendo un solar.
  • Todavía no tengo claro de qué color va a tener el pelo, pero parece probable que no lo vaya a tener tan rubio como lo tenía yo.
  • Se nota una gran diferencia en la forma de mirar y en la postura en general entre las 6 y las 8 semanas de vida. Y otro gran salto a partir de los tres meses.
  • La diferencia de tamaño es brutal. He visto fotos de recién nacido con un babero que sigo usando ahora y antes el babero le tapaba todo el pecho y ahora no le llega ni al ombligo. Igual con las manos o las uñas de los pies (sí, ¡tengo fotos de todos los detalles!). También me ha impresionado cómo le estaban de grandes algunos pijamas que apenas dos meses más tarde le quedaban a reventar. 

Me encantan las fotos, ¡no lo puedo evitar!.