No es que tuviéramos planes para este puente de agosto pero lo que menos nos imaginábamos era lo que lo íbamos a pasar cambiando pañales. Pero ya se sabe cómo son estas cosas, que si algún imprevisto o achaque tiene que surgir, siempre lo hará en fin de semana o festivo.

La diarrea hizo acto de presencia el sábado por la mañana, sin aviso ni ningún otro síntoma (no hay fiebre ni malestar ni decaimiento e incluso tiene apetito). Cacas líquidas por completo, amarillas y de fuerte olor. Mínimo diez pañales cambiamos, mejor no cuento cómo tenía el culete y los huevecillos… Ayer ya sólo fueron tres así que entiendo que está en proceso de remisión.

No tengo ni la menor idea de dónde ha salido esta diarrea. El niño y yo hemos estado comiendo exactamente lo mismo durante toda la semana y yo estoy perfectamente. Gastrointeritis no creo porque raro sería que nos hubiéramos librado nosotros. Me quedan dos opciones: la cantidad tan grande de agua que traga en matronatación (que va toooooodo el rato con la boca abierta y la lengua fuera, como si quisiera depurar la piscina) y las muelas de los dos años, que ya llevamos unas semanas que parece que están dando guerra.

Vamos a ver si hoy termina de cortarse y, si no, mañana tocará visita a la pediatra (o sustituta/o, porque en agosto…).