Al parecer, sin darme cuenta, se me criogenizaron la cara y el cuerpo al llegar a los 17. Así que aunque tuviera 24, seguía pareciendo 17. Ejemplo de esto es que la mujer que me atendió cuando me compré el vestido de novia y me hizo todos los arreglos me comentó el último día que pensaba que yo tenía 18 y mi madre cuarenta y pocos. A mi madre le encantó, claro, porque en aquel entonces ya había entrado en la cincuentena. O en la clínica cuando di a luz, las enfermeras no me echaban más de 20 (es una suerte saber que ahora, por lo menos, sí aparento ser mayor de edad). 
Pensareis que me quejo de vicio. Un poco sí. Supongo que es bastante peor parecer mayor de lo que uno es, pero como nunca llueve a gusto de todos, simplemente os planteo el principal inconveniente de parecer más joven: que no te toman en serio.
Por sistema, me veo obligada a reivindicar la edad que tengo. En asuntos anecdóticos, como que llamen preguntando por mi marido y me digan que si ¿se puede poner tu papá? y en asuntos más serios, como en entrevistas de trabajo y papeleos varios.
Durante el embarazo en varias ocasiones escuché cuchicheos a mi paso. Vivo en una zona con un colegio y un instituto casi al lado, así que más de un día he visto codazos entre grupitos de adolescentes. Lo mejor fue un día, paseando con mi marido. Dos chicas sentadas en unas escaleras nos vieron pasar y las oí decir: “es que si mi hermana se quedara embarazada ahora, tu imagínate, casada y con un niño y sólo tiene 17 años“.
La gente más impresentable es la que te encuentras en la galería comercial. Especialmente las madres tardías. No sé qué tengo, que les caigo fatal nada más verme, no me pueden ni ver. O se piensan que soy la chica que cuida al niño, en lugar de la madre.
Esta misma mañana: mujer de unos cincuenta con adolescente de unos diecisiete. Pido la vez. La hija me mira con cara de asco, con esa cara que he visto con tanta frecuencia en los últimos meses:  la superioridad de las que se creen que me han hecho un bombo siendo adolescente y he perdido mi juventud (esta cara la veo sobre todo cuando me da por entrar en tiendas tipo Berska). La madre directamente ni me mira, me contesta sin volverse. Llega otra mujer y les pide la vez. Dice la mujer: “nosotras“. Me la quedo mirando ya con cara de pocos amigos. “Ah, no, va la…bueno, la… chica esa“.
Con mi marido bromeo muchas veces que la gente se debe acordar al verme del famoso anuncio del con-don (¡lo que nos hemos podido reir!):
Y es que hay días que me dan ganas de colgarme un cartel que diga: no, no soy madre soltera adolescente.