La mamá vaca ha publicado hace unos días una interesante entrevista que 20 minutos había hecho a Carlos González. Si os interesa leerla (algo que os recomiendo encarecidamente, podeis pinchar aquí).
No he leído nada de este hombre (aún), pero he oído tanto hablar de él, que conozco bastante bien cuáles son sus principios en el tema de la pediatría y la crianza. No es un autor cuyos libros me atraigan demasiado porque reconozco que tengo ciertos prejuicios con respecto a las personas que hablan a todas horas de la crianza natural (no porque esté en contra – todo lo contrario – sino porque me parece una expresión que se utiliza como arma arrojadiza y eso me desmotiva enormemente). Pero una cosa es que no me llamen sus libros y otra que no me interese su opinión; es un pediatra al que otorgo bastante confianza y me apetecía leer algo más sobre él.
Todo este rollo para deciros que abrí los ojos con entusiasmo cuando leí lo siguiente: 
Pero muchas madres no disponen de tiempo. ¿Es un mito la conciliación laboral?
Soluciones mágicas no existen: no puedes estar en dos sitios a la vez. Y a nuestras abuelas por lo menos las dejaban ir a trabajar con su hijo, como siguen haciendo muchas mujeres en el mundo, que llevan al niño atado a la espalda. En esta sociedad, aunque hay empleos que se podrían hacer con un niño en brazos, como una taquillera o una empleada de Hacienda, no se permite; está mal visto.

¿La culpa es de la sociedad?
También tenemos que admitir nuestra parte de culpa. Mi madre no trabajaba y mi padre ganaba poco. Jamás tuvimos coche y casi nunca nos fuimos de vacaciones -como mucho podíamos coger el autobús e ir a la playa a Castelldefels- pero yo sabía que mi madre siempre estaba en casa para cuidarme si me ponía enfermo. Tienes que plantearte cuáles son tus prioridades en la vida.

¿No cree que antes la gente ganaba más, proporcionalmente?
No, creo que la gente gastaba menos.

¿Entonces, el progenitor que no se queda en casa con su hijo es porque no quiere?
A ver, en este momento hay cuatro millones de parados en España, y casi nadie se muere de hambre. Mientras estás pagando la hipoteca con dos sueldos da la impresión de que no podrías vivir de otra manera. Pero de pronto uno de los dos se queda en paro y te das cuenta de que sigues viviendo. Muchas familias que se han quedado en paro los dos también siguen adelante.

¿Es cuestión de buscar las mañas?
Es cuestión de prioridades. Está claro que sin un piso no puedes vivir, pero sí se puede vivir sin un coche o sin vacaciones. Lo que sugiero a los padres es que si deciden cogerse una reducción de jornada, que no lo vean como pérdida de ingresos, sino como un gasto. Es decir, el dinero sirve para comprar cosas -el coche, unas vacaciones en las Seychelles, tres meses de estar con tu hijo-; sóoo tienes que decidir en qué te lo gastas.

¡Me hacían los ojos chirivitas de la alegría que me da que alguien se atreva a decir en voz alta lo que yo llevo pensando tanto tiempo!.
Efectivamente, yo también creo que en esto interviene enormemente el factor “cuestión de prioridades”. Estamos en una sociedad que valora lo material muy por encima de lo espiritual. Se prefiere tener dos coches, casa en el pueblo/playa/campo, vacaciones dos veces al año, varias videoconsolas, etc etc por encima de otras cosas inmateriales, como son la familia y los hijos.
Se ponen muchas excusas y yo pienso que no son necesarias. En primer lugar, porque intervienen muchos factores en los que nadie puede opinar. Pero, sobre todo, porque cuando alguien está seguro de su decisión, no hay más que hablar.
Creo que es obvio que para muchos matrimonios tener hijos no es una prioridad. Y es  muy respetable. No es mi estilo de vida, pero eso no me impide comprender a los demás.

Tampoco vamos a negar que existen parejas que ven a sus hijos como un accesorio más y, por tanto, atenderles no se convierte en el eje central de sus vidas. Creo que de este tema ya hemos hablado en alguna ocasión, al hilo de otros temas.

Lo que es obvio, también, es que para tener un hijo he renunciado a unas cuantas cosas (materiales) como renovar el único coche que tenemos (a punto de cumplir 10 años y en el que sólo me cabe el carrito del niño), cambiarme a una casa con dos baños (mi casa sólo tiene un aseo con plato de ducha) o pegarme unas buenas vacaciones de quince días en la playa. Mi prioridad y la de mi marido ha sido (y es) tener descendencia y para nosotros la prioridad está tan clara que, aunque a veces a uno le fastidie no poder comprarse más caprichos (porque somos así los humanos), lo vemos como algo totalmente natural.
A mi me costó quitarme la careta, pero ahora soy más feliz. Antes me daba miedo reconocer que mi prioridad en la vida era tener hijos, porque la gente me etiquetaba de fracasada sin cortarse un pelo. Pero desde que asumí que mi proridad en la vida era mi familia y que por más que me esforzara eso no podía cambiar, lo llevo muchísimo mejor y he dejado atrás los oscuros nubarrones. Ya no lucho contra mi corazón.
Como dice Carlos González, la gente antes vivía con menos y eran bastante felices. No sé si más o menos que ahora, lo que sí se es que a mi el estilo de vida actual no me hacía nada feliz. Así que yo por mi parte le doy las gracias por su valentía porque me he sentido un poco menos rara leyéndole.

PD. Ayer el ginecólogo me dijo que si el mioma que tengo no se reabsorbe en los próximos meses por si solo, tendrá que operarme para extirpármelo, lo cual supone, en mi lenguaje, una mini-cesárea. Y cuando volvía a casa en el coche pensaba: “qué importante es la salud, qué importante es tener a mi familia al lado y qué poco me importa todo lo demás“.