Da igual que uno quiera comprar el juguete más bonito, el que aparentemente tiene más posibilidades, el que hace más cositas, el más educativo… hay que tener claro que cuanto más feo es el juguete, más éxito tiene.

Estos son los dos últimos hits de mi casa:

– El pollo de goma

Este ser apareció en mi casa como regalo de cortesía en el último pedido online que hice de pienso para los bichos. Para quien no sepa lo que es, se trata del clásico pollo de goma para perros con un pito dentro. No sé a quién le gustó más, si a mi perra o al niño. Desde entonces, pelean por él. El pollo no tiene descanso, o está en manos del uno o está en manos de la otra. A mi perra hay que quitárselo para dormir si queremos evitar estar toda la noche escuchando el pitidito y con el nene hay que estar pendiente de que no se lo meta en la boca y chuperretee lo previamente chuperreteado por la perra. El día menos pensado sufrirá un asesinato y no volverán a verlo más, pero de momento me da pena, ¡les gusta tanto!.

– El transformer del menú infantil de cierta hamburguesería

Una tarde en la playa nos dió por entrar y pedir unas cuantas cosillas y de regalo venía esta cosa más fea que picio, que yo no tenía intención ni de sacar de la bolsa. Pero fue amor a primera vista: el nene dejo de existir durante más de 10 minutos y desde entonces lo llevamos en la silla de paseo cada vez que salimos. Ya nos ha salvado unas cuantas veces de situaciones incómodas, le tiene fascinado su mecanismo (que es tan sofisticado como que los pies se meten dentro de la cabeza, ¡wooow!).

Esta mañana lo tiró a la canaleta de desagüe de la pescadería. A puntito he estado de dejarlo ahí para siempre pero, al igual que el pollo de goma, he decidido no hacerlo desaparecer tan pronto. De momento, lo he metido en el lavavajillas a ver si le saco la mugre que ha ido acumulando en los últimos días, que con el “¡pumba!, ¡sa caío!“, ha conocido más el suelo que otra cosa.

 

Y en vuestras casas qué, ¿también triunfa lo feo?.