Aunque el tiempo es el que es y no varía porque le pongamos señales a determinados días o queramos acotarlo por determinados hitos, lo cierto es que tengo una fecha marcada en rojo en el calendario: cuando en septiembre Bebé entre en el cole.

Es algo que no he pensado hasta ahora, en parte porque lo veía lejano y en parte porque no tengo tiempo para pensar mucho más allá de lo que haremos mañana. Pero cuando empezaron a alargarse los días, empezamos a prescindir del abrigo y las noches empezaron a oler a verano me di cuenta de que ese momento está a la vuelta de la esquina.

Siempre digo que en la maternidad hay que tener mucho cuidado incluso con lo que se piensa en el fuero interno ¡cuán a menudo nos terminamos arrepintiendo! Y es que estos tres años de alta demanda + emprendimiento + otro niño intenso están siendo duros, duros de verdad.

No han sido pocos los pensamientos que he tenido orientados a lo bien que nos vendría tener unas horitas (no muchas gracias a la fantástica jornada partida de la que disfrutamos en el cole) de soledad. No pocas veces he dudado de mis propias decisiones, he puesto en jaque a todo aquello en lo que creo por agotamiento físico y mental. Y a punto he estado de mandarme a misma y a mis principios al carajo.

Pero llegados a este punto, cerca ya de cerrar una etapa que sin duda no volverá, siento una gran pena. He afrontado todas las etapas de mis hijos con alegría y sé que esta estará llena de cambios positivos para todos. Si no lo pensara así, no le escolarizaría; necesidad no tenemos. Pero, aún entendiendo el cambio como algo bueno, el sentimiento que destaca por encima de todos, ahora mismo, es el de la tristeza.

En septiembre serán 6 años en los que no he estado sola prácticamente nunca. Cuando Mayor entró en el cole, Bebé ya estaba acurrucadito en mi pecho. Y así hemos seguido curso tras curso hasta dejar a uno a las puertas de Primaria y al otro a las puertas de Infantil. Parece que fue ayer, pero no. Han pasado 6 años, los 6 años más importantes de mi vida.

De hecho, que Bebé entre en el cole significa mucho más que el silencio que de pronto se hará en mi casa o en nuestra oficina, mucho más que tener un rato en el que poder trabajar sin hacer turnos. Significa que nunca más habrá un bebé en mi casa. Significa que yo misma me hago mayor, que ya no tengo veintitantos, que cada vez más los niños me llamarán señora cuando se les escape la pelota del colegio.

Y es que ser padres también era esto.

Foto | Paw Paw en Flickr CC