A lo largo de este primer año como madre he ido haciendo, casi sin darme cuenta, un listado mental de cosas frustrantes cuando tienes un bebé. En el nº 1, sin lugar a dudas: cuando no tienes ni idea de qué le pasa.
En mi caso, esta frustración no ha ido a menos sino a más. Aunque mi hijo fue exigente y demandante desde que nació, las funciones básicas del recién nacido son muy limitadas por lo que no es excesivamente complicado acertar: hambre, cansancio, necesidad de cariño, pañal sucio y poco más. Al principio puede ser estresante porque quisieras que tu precioso bebé no llorara ni una milésima de segundo pero en unos días le coges el tranquillo y se cumple eso de que como una madre conoce a su hijo no lo hace nadie, ni siquiera su padre.
El “problema” surge, según yo lo veo, cuando el bebé sigue creciendo y empieza a demostrar su personalidad y empieza a ser más consciente de su entorno. A las funciones básicas se suman unas nuevas que ya no son tan intuitivas: el niño se aburre, el niño quiere ir hacia tal sitio, el niño no quiere estar aquí sino allí, el niño quiere coger tal enchufe o meter la cabeza en el arenero de los gatos, el niño no quiere puré sino trocitos pero los trocitos no los quiere calientes sino solamente templados, el plato no le gusta encima de la mesa sino encima de tu cabeza… Un largo etcétera.
Cuando el bebé recién nacido se despierta por la noche las opciones son pocas: hambre, pañal sucio o mimitos. O todo a la vez. Pero cuando mi hijo de un año se despierta ahora por la noche, llorando con un cabreo morrocotudo  y haciendo gestos de que algo le pasa pero tu no sabes qué es, te surgen un montón de dudas y echas de menos ese manual con el que deberían venir todos. ¿Hambre? Lo dudo, no ha cenado mal y nunca lloraría tanto por hambre. ¿Dolor de boca?. Puede ser, puede ser ¿Le doy paracetamol? ¿Y si no se calma en 45 minutos es que no era de la boca? ¿Mimos? Pero le coges y te empuja con los brazos y las piernas ¿Le dejo en el suelo? Tampoco quiere estar en el suelo, ni brazos, ni suelo ni nada. ¿Sed? Apenas un sorbito de agua. ¿Pañal? No, el pañal está limpio. ¿Frío/calor? No, ni suda ni tiene frío el cogote. ¿Ganas de caminar? No lo descarto, pero está tan cansado que le se van doblando las piernas… ¿Un berrinche, sin más? También es probable, sí.
Cuando son las 04.30 de la mañana, lleva llorando una hora y media y has probado todo, cada vez está más enfadado con cara de vaya padres más torpes que me han tocado, sólo puedes preguntar: cariño, ¿qué te pasa?, por favor, ¡dínoslo!.
Hay días que aciertas y otros muchos días que no. Algunos días se duerme finalmente de puro agotamiento de tanto llorar, que pareciera que hubieras aplicado el método Estivill pero con él en brazos. Se duerme con su cara de angelito y a nosotros se nos queda sensación de torpeza e impotencia. A ser padres sólo se aprende así, probando, probando y probando.