Cuando estaba embarazada de Bebé no me planteaba cuánto iba a durar nuestra lactancia. De hecho ni siquiera sabía si iba a lograrlo o de nuevo iba a fracasar. Tenía claro que duraría lo que nos apeteciera a ambos pero no sabía si sería mucho o poco.

Desde que nació Bebé y comenzamos a disfrutar de la lactancia, mes tras mes me he estado preguntando cuándo comenzaría eso que se llama lactancia prolongada porque ¿cómo puede ser prolongado algo que los dos participantes disfrutan tanto y con tanta naturildad?. Prolongado parece indicar dilatado, extendido más allá de lo normal. ¿Cuándo es eso? ¿Con un año? ¿Con dos? ¿Quién lo decide?.

Los únicos referentes que tenía eran los de la blogosfera, donde las lactancias prolongadas son bastante frecuentes. Sin ningún referente en mi entorno, a pie de calle, y sin haber dado el pecho en condiciones (los dos meses de tortuosa lactancia mixta del mayor no se pueden considerar dar el pecho en condiciones), pensar en un “bebé mayor” mamando me impresionaba. Era presa de la cultura del biberón en la que vivimos queramos o no y pensar, por ejemplo, en un bebé que mamaba y ya caminaba, por ejemplo, me chocaba. No quiero decir con esto que me pareciera ni bien ni mal; simplemente no lo había visto en la calle ni lo había experimentado y por tanto no sabía qué sentir al respecto.

Los meses fueron pasando. Superamos los seis meses de lactancia exclusiva, hicimos la introducción de la alimentación complementaria manteniendo la leche materna como su fuente principal de alimento y llegamos al año. No sé qué diría Bebé si pudiera hablar, pero por mi parte puedo decir que el primer año de lactancia fue un suspiro. Si en algún momento pensé que un año de lactancia era mucho, definitivamente no estaba en lo cierto. Si hubiera tenido que ponerle fin artificialmente, o si Bebé hubiera decidido destetarse naturalmente, me hubiera supuesto un disgusto porque para mi esto no había hecho más que empezar.

Lejos de estar cansada o aburrida, quiero más, ¡mucho más!. Y a juzgar por la cantidad de veces que mamá Bebé, tanto de día como de noche, tenemos mucha lactancia por delante. Así que, en nuestro caso, lo de prolongada tendrá que esperar porque no estamos prolongando sino disfrutando.

Tristemente sí que puedo contestar cuándo empieza la lactancia prolongada para el resto del mundo. No puedo delimitar en qué momento exacto, pero sin duda alguna 15 meses de lactancia es too much para la mayor parte de la sociedad.

Lo noto cuando hasta mi abuela me vine con los típicos tópicos para que le quite la teta de una vez, que es puro vicio. Lo noto cuando en Urgencias me convierto en la loca de la teta por no querer destetar sin motivo alguno y a lo bruto a mi bebé de 15 meses. Lo noto cuando en la revisión de turno la enfermera amenaza con que el niño tiene un percentil muy bajo porque toma demasiada leche y la leche no alimenta. Lo noto cuando me pongo a dar el pecho y a la gente le dan vueltas los ojos del asombro. Lo noto cuando ya nadie me felicita por la calle cuando ven al niño mamar sino que escuchas murmullos (y alguna cara de asco un par de veces). Lo noto cuando incluso a quién no le parece mal se ponen a contarme la batallita del niño que mamó hasta los x años, como si fuera un marciano aterrizado en la Tierra.

A pesar de ello, no me puedo quejar. Soy consciente de que para el ciudadano medio dar el pecho con 15 meses no es lo normal. No me gusta, espero que las cosas vayan cambiando, que la lactancia materna se vaya normalizando cada vez más, pero lo comprendo, no les culpo, a mi me pasaba lo mismo. Afortunadamente pocas veces me han hecho sentir mal. Es curioso, pero me trataron peor, por ejemplo, en la farmacia cuando compraba leche de fórmula para mi hijo mayor, que ahora. Ciertamente ahora recibo cientos de miradas que no recibiría si sacara un biberón pero, toco madera, no me han echado de ningún sitio, no me han dicho nada desagradable (salvo en Urgencias) y en general creo que tras el asombro de la mayoría se esconde un asombro positivo y no negativo.

También es verdad que con el paso de los años y en esta segunda maternidad tengo muy bien abrochadito el impermeable y me resbalan muchísimo este tipo de cosas, es más, creo que ni las percibo. Nosotros hemos llegado hasta aquí en un abrir y cerrar de ojos y tenemos ganas de más. Para mi no es una carga sino todo lo contrario, disfruto dándole el pecho, de manera que les agradezco la preocupación a los demás pero es innecesaria.

El qué dirán, a estas alturas, me preocupa muy poquito.