Siempre he sido muy crédula, muy inocente. Quizá sea deformación profesional (estudié Derecho) o quizá mi forma de ser, porque siempre he creído que existen una serie de organismos, mecanismos públicos y demás maquinaria estatal cuyo único objetivo es el bienestar de los ciudadanos. Pero de un tiempo a esta parte veo que cuanto más rasca uno, más mierda saca y, al final, estoy teniendo serias dudas sobre los intereses y fines de instituciones que deberían estar únicamente al servicio de la ciudadanía.
Cuando la OMS empezó a tocar las narices con la gripe A y sus terribles efectos en las embarazadas (y si estas sobrevivían, en sus recién nacidos) me entró el canguelo. Y cuando murió Dalilah, me encerré en mi casa y no quise saber más del mundo exterior, temiendo seriamente por mi vida y la de mi bebé. ¿Por qué iba yo a dudar de la OMS?.
Es fácil juzgar a toro pasado, lo sé. Pero a mi me gustaría saber qué cabezas van a rodar por semejante campaña de terror. Estoy segura de que no soy la única embarazada asmática del planeta que pasó meses de auténtico pánico. ¿Quién nos va a compensar por esa angustia?. Mi embarazo fue una ruina psicológica. Sí, yo estaba muy tocada del asma, pero hubiera podido hacer una vida semi-normal si no me hubieran estado asustando diariamente con el cuentagotas de las víctimas y con la tipeja de la directora de la OMS vaticinando el fin del mundo. 
Por lo que a mi respecta, ya que no me van a reparar el nulo disfrute del embarazo de mi primer hijo (un acontecimiento vital que, obviamente, no volverá a repetirse) por lo menos me gustaría que rodaran cabezas. Empezando por Margaret Chan, siguiendo por la Ministra de Sanidad y continuando por los Directores de Informativos de todas las cadenas de televisión y de muchos periódicos. ¡Qué decir de estos últimos, que tan bien se lo pasaron el verano pasado regodeándose con cada muerte y sus pormenores!. ¡Qué bien les vino, justo en el momento en que el caso Marta del Castillo estaba pasando a un segundo plano!.
Lo triste es que soy muy consciente de que todo seguirá igual. Puede que algunos se vayan y otros les sustituyan, pero seguiremos gobernados y dirigidos por gente muy sospechosa, con unos intereses poco claros y unos métodos más que cuestionables. ¿Nos podemos fiar de los que tendrían que protegernos?. Me temo que no demasiado.
Al menos me queda el consuelo de haber ordenado un poco mi mente y haber puesto a la OMS en el lugar que se merece: credibilidad cero.
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