Una de las primeras cosas que hice cuando pude levantarme de la cama tras la cesárea fue cortarle las uñas a mi hijo. Nosotros optamos por no ponerle esas manoplas que ahora se han puesto tan de moda y, como era de esperar, a las pocas horas de nacer ya tenía la cara hecha polvo. Nadie se atrevía a cortárselas y yo no podía moverme así que en cuanto pude cogí las tijeras y ¡zas!, en un momento, arreglado el asunto. Realmente tiene cero misterio. Las uñas de los bebés, aunque sean diminutas, son muy blanditas, casi casi se deshacen solas. Y las tijeritas de bebé son totalmente inofensivas. Creo que las posibilidades de hacer un desaguisado son bien pocas.

Esa etapa, la de recién nacido, fue la más fácil para la tarea. En cuanto empezó a ser un poco consciente, el tema uñas se fue complicando. Hace unos meses tuvimos una racha en la que no ponía oposición, incluso parecía que le gustaba. Se quedaba embobado mirando cómo la uña iba desprendiéndose del dedito y se dejaba hacer perfectamente. Pero ha vuelto a cambiar de opinión y ahora mismo cortarle las uñas es un drama, para el que necesito un ayudante fortachón que le haga un buen placaje porque se defiende como si le fuera la vida en ello.Vamos, que es mucho más fácil cortarle las uñas a nuestros gatos que a él. Y con la velocidad que le crecen, todas las semanas estamos con la misma historia.

He intentado todo lo que se me ha ocurrido, incluso cortárselas dormido. Pero debe tener un sexto sentido porque en cuanto empiezo se despierta y el cabreo es doble: por haberle despertado y por osar tocar sus uñitas. Le he dejado las tijeras para que juegue con ellas, le he invitado a cortarse él mismo una uña (con mi ayuda, claro), me he cortado yo las mías delante de él, se las he cortado al papá… Nada, no hay forma de convencerle.

Así que hemos pasado de llevarle siempre con una manicura impecable a días como hoy, que de tan largas que lleva las uñas de los pies hasta se le parten.

¿Alguna sugerencia?.