Hace tiempo que debería haber cambiado a mi hijo de pediatra en el ambulatorio. Pero como estaba contenta con mi pediatra (privada), quedaba al ladito de casa y además no habíamos tenido ningún problema, pues lo he ido dejando pasar. El pediatra que tenía en el ambulatorio, por la tarde, era un hombre demasiado seco, incluso un poco borde, de estos que parece que no le gustan los niños… así que yo había llegado al punto de olvidarme de que existía servicio de pediatría en el ambulatorio, apenas habremos ido un par de veces o tres en todo este tiempo.
Con todo esto que ha surgido a raíz de la revisión de los 15 meses, decidí que ya era hora de cambiar al niño del turno de tarde al turno de mañana (que siempre hay menos gente) y así probar con alguna pediatra nueva. Me ha costado bastante, la burocracia y los horarios de mi ambulatorio son kafkianos, pero por fin esta mañana hemos podido ir a conocerla. Y me ha gustado mucho.
La mujer ha sido muy amable conmigo y muy atenta con el niño. Se nota muchísimo cuando estás con un médico al que le gustan los críos, parece una tontería, pero se nota (y agradece). Me ha escuchado lo que tenía que decirle, que es básicamente repetir la misma historia, y antes de que yo le explicara mis conclusiones, ella misma me ha dicho que es partidaria de no esperar, porque hoy día hay muchos medios que se pueden poner para evitar que las cosas vayan a mayores, que a veces solamente se necesita un pequeño empujón y que no ofrecérselo no tiene demasiado sentido.
No sé si me ha dicho o no lo que yo quería oír, a estas alturas no tengo claro lo que espero escuchar, voy cambiando de opinión según el momento del día. A ratos deseo con todas mis fuerzas que me digan que soy excesivamente observadora, que el niño está perfectamente y que lo único que hay que hacer es darle tiempo. Pero, en otros momentos, espero que me digan que efectivamente hay algo que no termina de encajar y que vamos a ponernos manos a la obra para dar con ello cuanto antes. Ella ha hablado del espectro autista, algo que yo todavía no había escuchado de viva voz, pero sobre lo que he leído bastante. ¿Quería yo oír algo así?. Sí y no. Evidentemente, por mucha levedad que esto pueda tener, hay ciertas palabras que duelen sólo de oirlas. Pero no por callar, por no decir nada, deja de estar ese pensamiento en mi cabeza. Si hay algo que me pone muy nerviosa es la incertidumbre.
Creo que durante la consulta se ha visto bastante claro lo que quiero decir. Y es que a veces me doy cuenta de que no soy capaz de expresarme como quisiera, de dar los suficientes detalles y matices. Ella misma ha estado haciéndole algunas pruebas y preguntándome a mi y creo que ha sido bastante evidente. Es más, ha utilizado una expresión que me voy a apropiar, por ser mucho más acertada que la que yo venía usando. No es que el niño no mire a la cara, es que hay menos contacto visual del que sería esperable/deseable. Y es un matiz importante porque el niño sí que mira, y mucho, pero cuando le interesa.
Efectivamente, considera que es algo bastante sútil, que no se apreciaría en una observación rutinaria y superficial, pero que para eso estamos las madres. Que no por ser algo sútil hay que dejarlo ahí sin prestarle la debida atención. Y me ha vuelto a decir lo que ya me han dicho otros, que el niño es  inteligente, que está muy espabilado, que tiene un control con las manos alucinante y que eso es buena señal.
En cuanto a qué hacer, le he comentado que mañana tenemos neuropediatra (privado) y que la semana que viene empezamos las sesiones individuales en el centro de atención temprana (privado). Le ha parecido magnífico porque es justo lo que ella me iba a recomendar: derivarme a atención temprana de la Comunidad de Madrid y a neuropediatría del Niño Jesús. Así que para no mezclar muchos médicos, hemos quedado  en que en febrero vuelvo y le cuento qué tal nos ha ido por lo privado. Si estoy satisfecha, pues seguimos así. Y, si no, pues me deriva ella por lo público, teniendo en cuenta de que va a ser mucho más lento incluso poniéndome como preferente, en eso ha sido muy sincera conmigo.
He salido contenta, sí, muy contenta. Tanto que, quién me lo iba a decir, ahora mismo tengo dudas ya sobre con qué pediatra quedarme definitivamente. Porque necesito tener un pediatra de referencia y no seguir dando tumbos y esta mujer me ha parecido una buena opción, al menos por lo que he conocido hoy. Lo pensaré, lo pensaré…