Ayer publiqué el post Cómo me quedé embarazada (I).

Continúo hoy por donde lo dejé.

 

Me quedé embarazada en enero de 2009

En enero volvimos a revisión con mi ginecólogo, en vistas de que no habíamos obtenido ningún resultado.

Me pautó el Omifin y nos indicó volver en tres meses o antes si me quedaba embarazada.

Para tomar el Omifin tenía que esperar a tener una regla

Así que en enero yo lo único que quería era que terminara el mes cuanto antes para poder tomarme las pastillitas mágicas.

El 9 de enero de 2009 cayó una nevada en Madrid impresionante. Siempre me acordaré de que era viernes y que fuimos con mi perra al parque a disfrutar de la nieve y ella se cayó por un hueco que no vió de tanta nieve que había. Menudo susto nos pegamos.

No sé si consecuencia del frío y de las varias nevadas que cayeron en enero, a mediados de mes caí mala, con anginas y fiebre, y estuve unos días en casa. Ahí fue cuando me quedé embarazada, según mis cálculos, el 19 o el 20 de enero. ¡Y eso que estaba mala y tomando amoxicilina y paracetamol (ambos medicamentos son compatibles con el embarazo, dicho sea de paso)!.

 

Ese mes no me planteé quedarme embarazada

Seguimos intentándolo, pero yo tenía claro que el Omifin iba a ser la solución.

Así que en vez de alternar los días en que tuvimos relaciones, ese mes decidimos machacar el ovulito a diario.

Estaba convencida de que ese método no sería bueno porque todo el mundo hablaba de la reserva espermática y patatín, patatán, pero como para mi era un ciclo “en blanco”, dijimos, ¿por qué no?.

 

¿Cómo supe que estaba embarazada?

Cuatro días antes del día en que me tenía que venir la regla (por aplicación del sintotérmico era algo matemático), me hice un test de embarazo, que, por supuesto, dió negativo.

Lo tiré a la basura y me puse a ver España Directo, en TVE1.

Echaron un reportaje sobre bebés y me pillé una llorera tremenda. Me abracé a mi marido, llorando, diciéndole que estaba loca por tener un hijo, que lo necesitaba, que me parecía muy triste no conseguirlo…

Veinte minutos más tarde me dió, no sé por qué motivo, por rescatar el test de la basura y… se veía una sombra!!!

Vale, había que darse un golpe un ojo, pero claramente había una sombra, algo que nunca había aparecido.

Aquella noche estuve con tres amigos más escudriñando una foto que les mandé por mail, viendo a ver si se veía algo o no.

A la mañana siguiente, antes de entrar al trabajo, me fui corriendo a una farmacia de guardia a comprarme un test de los de formato termómetro (los que usaba yo eran lo de formato tira, comprados por Internet).

El farmacéutico me puso cara de “pobrecilla” porque iba con cara descompuesta, ¡pero de la emoción que tenía!

A toda velocidad me fui al trabajo y me metí en el baño.

Ahí estaba, una sombra más oscura, pero ahí estaba.

Recuerdo que se lo enseñé a una compañera y luego lo metí en mi cajonera y estuve tooooooda la mañana abriendo y cerrándola, ¡para comprobar que la sombra no se esfumaba!

Ahí creo que mi jefa se olió algo, porque ¡mi comportamiento con la cajonera era muy sospechoso!

Y efectivamente, estaba embarazada. Esa raya se fue tiñiendo más y más y apenas unas semanas más tarde pudimos ver una gambita latiendo en mi interior.

Esta ecografía nos la hicimos estando de 8+5.

Me encantó cómo le “retrararon” y estuvo mucho tiempo pegada en el frigorífico.

De hecho, ha estado puesta hasta hace bien poco.

Como no sabíamos si era niño o niña, nada más quedarnos embarazados decidimos dirigirnos a él como “embri” y así le estuvimos llamando bastante tiempo, hasta que finalmente elegimos su nombre (incluso tiempo después).

Siempre que pasábamos por el frigorífico le dábamos un besito, a esta ecografía y a otras que fui poniendo.

(Continuará…)

Foto| Vanessa Porter en Flickr CC