Ayer fue un día de los duros, de los que sirven para poner a prueba la templanza de los padres.
Lo primero, amaneció un día más (y ya van…¿tres meses?) con lluvia, viento y un frio que pela. Encerrados en casita de nuevo.
Pero lo peor fue el día que nos dió el nene. Desde el lunes estaba cogiéndole gustillo a lo de gritar y ayer explotó en todo su apogeo. Desde las 07.30 de la mañana sin parar de chillar. Y no estoy hablando de pequeños grititos de alegría, ¡ojalá!. Hablo de chillidos agudísimos (algunos ya captados solamente por el oído de los perros), largos y, sobre todo, contínuos. No he estado nunca en una mantanza de cerdos, pero creo que los chillidos deben ser parecidos.
Probamos de todo: brazos, paracetamol por si era la boca, biberón a deshora por si era hambre, ponerle en la cuna, de nuevo brazos, hamaca, dibujos animados, tontunas varias…No hubo manera.
Cuando vinieron sus abuelos a verle y nos vieron la cara, de primeras pensaron que estábamos exagerando. Pero a la media hora salieron corriendo de nuestra casa, seguramente pensando esto de “que monos son los niños, sobre todo de visita“.
Yo le miraba y meditaba acerca de cómo es posible que un angelito tan mono se convierta en décimas de segundo en una anguila chillona (lo de anguila porque no quería estar ni tumbado ni sentado, sólo “de pie” o en brazos y no sabeis cómo lo hacía saber). 
Vi pasar delante de mis ojos esas escenas que todos hemos visto cientos de veces: bebé-niño tirado en un pasillo del supermercado, berreando, chillando a pleno pulmón, mientras sus padres tratan de arrastrarle fuera de la manera más airosa posible. Y me vi así, dentro de nada.
También me acordé del famoso viajecito de Isabel García-Zarza (del blog Mi vida con hijos). En aquel momento me reí como nadie, saltándoseme las lágrimas. Ahora no me hace ni p* gracia. Por un momento, yo también temí que mi marido me dijera que iba a bajar a mi perra y no volviera más.
Y ya por último, cuando estaba cayendo la noche y con ella también el bebito (¡por fin!), me acordé de Serrat y su famoso “niño, deja ya de joder con la pelota“.

Imposible escuchar la canción sin emocionarse…