A principios de julio expliqué lo contenta que estaba por tener a M. tratando al niño en atención temprana. Cosas de la vida, apenas un par de semanas más tarde ella misma me comunicó que no iba a continuar en el centro al que vamos porque había decidido establecerse por su cuenta.

En los primeros instantes, antes de saber que existía la posibilidad de continuar con ella, la noticia me resultó como un jarro de agua fría. Sin embargo, una vez que me explicó que el centro que va a abrir estará muy cerca de mi casa y que, mientras tanto, mi hijo puede recibir su atención a domicilio, el problema se centró en decidir qué decisión tomar.

Las opciones eran:

– Continuar en el centro donde estábamos yendo (que está lejos de mi casa aunque no tardo mucho en llegar con el coche), con una persona nueva.

– Continuar con M., primero a domicilio y, después, acudiendo a su centro cuando esté en funcionamiento.

– Buscar un tercer sitio, un sitio nuevo, y volver a empezar.

– Abandonar la terapia definitivamente.

Una de las cuestiones importantes en todo esto es el estado actual del niño. Esta mañana la propia M. me ha confirmado lo que mi marido y yo llevamos pensando estos días: que si lleváramos al niño a una evaluación nos dirían que está estupendamente y que no necesita nada. Por tanto, todo lo que sea comenzar con una persona nueva nos parece que tiene poco o ningún sentido, pues sería una vuelta a empezar que llevaría cierto tiempo, tiempo, en definitiva, perdido para el niño y perdido económicamente para nosotros.

La opción de abandonar la terapia ante la evidente mejoría del niño es una opción que hemos barajado pero descartado rápidamente. Hay cosas que seguir mejorando, cosas que consolidar y, sobre todo, que durante un tiempo sería importante hacerle un seguimiento a modo preventivo. Estoy muy contenta, aliviada, pero soy consciente de los retos que aún tenemos por delante y, aunque no puedo negar que me vendría fenomenal dejar de gastar este dinero, lo que quiero es el bien del niño y no tengo ninguna prisa por recibir el alta.

Así que, tras mucho pensar, parece que la elección estaba clara desde el principio: acompañaremos a M. en su nueva aventura.