Categoría: Maternidad

Las primeras sonrisas

Durante el embarazo leí “Embarazada”, de Kaz Cooke. El libro no me gustó demasiado, porque no entraba en materia con profundidad. Pero hay que reconocer que su lectura era amena y en muchos puntos bastante divertida. Ya en las últimas páginas habla del recién nacido como “un tipo muy serio”, refiriéndose a la cara de poker que suelen tener. En su momento me pareció exagerado, pero ya con mi hijo en brazos recordé la frase y me reí para mis adentros, dándole la razón. El bebé recién nacido tiene cara de pocos amigos. Pasa la mayor parte del tiempo con cara seria, los ojos cerrados, la boquita apretada y cuando cambia de semblante es para ponerse a llorar. Afortunadamente, la pasividad del recién nacido dura apenas unos días. Con 15 días mi hijo comenzó a sonreir cuando se sentía a gusto, normalmente después de la comida. Esta sonrisa se llama habitualmente “sonrisa angelical” y, pese a lo que puedan pensar los padres, es totalmente involuntaria, fugaz, muchas veces incompleta, y no tiene fines sociales. De hecho, la sonrisa se produce casi siempre con los ojos cerrados o entre cerrados, muchas veces durante el sueño. En muchas ecografías 4D se puede apreciar que el bebé sonríe dentro del útero de la madre. En la que le hicimos a mi bebé se puede apreciar un gesto muy parecido, precursor, probablemente, de...

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Esos primeros momentos

A pesar de que mi bebé tiene 3 meses, o quizá por eso, no he dejado ni un sólo día de recordar el día del parto y los días que estuvimos los dos ingresados en la clínica. Una de las imágenes que con más frecuencia vienen a mi mente es la de la primera vez que vi a mi hijo. O debería decir las dos primeras veces, pues estando en el quirófano le vi dos veces. La primera, nada más sacarlo. Lo curioso de la cesárea es que aunque el anestesista me fuera radiando la operación, como si de un partido de fútbol se tratara, yo no creía que de mi cuerpo fuera a salir un bebé. No esperaba que saliera nada, a decir verdad. Me dijo: “ya sale: los hombros, la cabeza, ya está fuera”. Y yo seguía pensando que no era posible. Así que cuando instantes después me levantaron un poco la cabeza para que pudiera ver ese culillo totalmente blanco me pareció una experiencia extra-corpórea. O transcorporal, no lo sé. “Mírale la matrícula, está claro que es niño, eh?” me dijo la matrona. “Por favor, me podeis enseñar la carita?” y entonces lo giraron unos instantes y apenas pude verle, completamente cubierto de una sustancia blanca, viscosa. No estaba en su mejor momento, vamos. Allí no hubo trompetas ni música celestial ni todas esas cosas que...

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