Categoría: Embarazo

Recuperarse de una cesárea

¿Cómo recuperarse de una cesárea? ¿Qué sentiré mientras me la hacen? ¿Cómo me encontraré? ¿Me dolerá mucho? Días antes de la cesárea me puse a buscar “testimonios” sobre cómo era, qué se sentía, cómo era recuperarse de una cesárea… y ¡no encontré nada! Así que he pensado que podría ser interesante contar cómo me recuperé yo.   Las primeras horas tras una cesárea, muchísimo dolor Haciendo una síntesis de la recuperación en pocas líneas (¡y sin ánimo de asustar a nadie!): es el dolor más grande que he pasado en toda mi vida. Eso sí, el dolor más intenso...

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El estado de desembarazo

¡Cómo somos de contradictorias las personas!, yo a la cabeza, desde luego. El embarazo fue malo tirando a malísimo y estaba deseando llegar al final con todas mis fuerzas. Por fin llega el día, doy a luz, tengo a mi bebé conmigo, ¡y tampoco estoy a gusto!. Los tres primeros meses estaba muy perdida. No me reconocía en mi identidad anterior al embarazo, me sentía mucho más próxima a mi identidad de embarazada pero, obviamente, ya no tenía bombo, nada se movía en mi interior, las hormonas iban volviendo a su cauce, mi tensión alcanzaba niveles normales, respiraba con más facilidad… No era depresión postparto porque estaba muy feliz, pero sí que sentía un cierto vértigo existencial, una sensación de andar por la cuerda floja sin saber muy bien hasta cuando. Era algo psicológico pero también físico:  – Un cuerpo distinto, ni embarazado ni como estaba antes.  – Un estado físico al que una no estaba acostumbrada: michelín descolgado, brutal caída del pelo, efecto rebote de grasa en el pelo y en la cara, ojeras, mucho cansancio, dolor de espalda y de brazos (de cargar al bebé a todas horas llegué a tener tortícolis)… Lo que viene siendo una piltrafa, vamos.  – Un armario lleno de ropa que no me podía poner. Pero no me sentía cómoda usando ropa de embarazada, me parecía que ponérmela era engañarme a mi...

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Efectos "adversos" de las hormonas del embarazo

El lunes pasado escribí sobre los efectos positivos que había tenido el embarazo en mi cuerpo serrano y se me olvidó uno de los más importantes: ¡desaparecieron las migrañas!. No sé cómo se me pudo pasar, si fue uno de los más evidentes y de los que más me alegraron. Vivir con ataques de migraña es un coñazo, es muy incapacitante. Y, por desgracia, lo padecemos tanto mi marido como yo y varios de nuestros ascendientes así que me temo que el mico no se va a librar… Lapsus aparte, le toca el turno a los efectos negativos, a las jugarretas que me gastaron las hormonas: 1. Mucho más vello, tanto corporal como facial. Y habrá quien diga que luego se cae pero en mi caso o todavía no ha terminado de caerse o ya no piensa hacerlo.  2. Crecimiento de las uñas y el pelo a una velocidad de vértigo. Un auténtico coñazo, porque cortarse las uñas de los pies cuando tienes bombo es una auténtica peripecia. 3. Sueño y cansancio. No tenía término medio. O estaba eufórica y llena de energía o estaba echa polvo. 4. Sofocos. Ahora sé lo que es la menopausia. ¡Qué mal se pasa!. Ese subidón de calor desde la punta de los pies hasta la punta del pelo. ¡Horrible!. Y me duró desde el principio del embarazo hasta que mi hijo tenía...

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Efectos positivos de las hormonas del embarazo

Aunque mi embarazo no fue bueno tengo que reconocer que las hormonas fueron bastante benévolas conmigo y noté, al menos, 10 efectos fantásticos: 1. Nada de ansiedad. A pesar de la preocupación y de la comedura de coco constante que yo tenía, en ningún momento sentí ni el más mínimo amago de ansiedad. Se que si me hubiera sometido a la misma presión sin estar embarazada me hubiera dado más de un ataque. 2. Adiós a la alergia. Aunque del asma empeoré muchísimo, la alergia desapareció como por arte de magia. Así que no eché de menos a los antihistamínicos.  3. Ni me acordé de la astenia primaveral.  4. A partir de la semana 20, una mejoría expectacular de la piel y el pelo. Mucha menos grasa, piel más fina, ni un grano, poros más pequeños… 5. A pesar de las dificultades para respirar, notaba una gran energía y vitalidad. 6. Una pachorra impropia de mi. Estaba desconocida.   7. Piernas y brazos más delgados. Quitando el bombo, una línea más estilizada.  8. Un desarrollo del olfato que ya lo quisiera un sabueso.   9. Facilidad para comer alimentos saludables que antes ni probaba, sobre todo, algo de fruta y mucha agua (normalmente bebo muy poco líquido y la fruta ni la pruebo). 10. Y, el mejor efecto de todos: mi...

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Conservar la sangre del cordón umbilical

No se me había ocurrido hasta ahora que a lo mejor podía resultar interesante que os hablara de por qué elegimos guardar la sangre del cordón umbilical de mi hijo y la empresa con la que lo decidimos. Para los que no lo sepan, la sangre del cordón umbilical contiene un gran número de “células madre”, unas células que son únicas, de obtención muy sencilla y tienen un enorme potencial en la curación de enfermedades como la diabetes tipo 1, lesiones cerebrales, talasemia… Es cierto que a día de hoy es un campo que está en pañales, pero no me cabe duda de que en las próximas décadas se harán grandes descubrimientos en este campo por lo que a nosotros nos pareció muy interesante la idea de poder conservar esas células, por si fueran necesarias en algún momento de la vida de nuestro hijo. No entiendo por qué motivo en España se habla poco de este tema. Lo cierto es que algunos hospitales ofrecen la posibilidad  de donar esa sangre de forma altruista, pues de otra forma, los cordones son destruídos y se pierden todas esas células. Aunque creo que esto tiene una “pega” y es que, igual que cuando donas sangre, si algún día se necesitaran esas células, no te garantizan que sean las del cordón umbilical del niño y no sé hasta qué punto las de otro...

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