Después de haber oído y leído mucho sobre Cantajuegos, ya me hacía yo a la idea de que no me iba a gustar. Además, como dicen que a los niños les gusta tanto, se aprenden todas sus canciones y coreografías y a arrastran a los padres a los conciertos, pensé que cuanto más tarde entrara en mi casa, mejor. Como si no entraba nunca, vamos…
Pero ayer tuvimos un momento de debilidad, el bebito estaba con su neura de no saber con qué entretenerse y dijimos, venga, vamos a probar.
¡No daba crédito!. Mira que a mi Baby Einstein me parecía el gran chollo para sus creadores: cuatro marionetas y los mismos niños en todos los vídeos más algo de música clásica que no tiene derechos de autor. Pero lo de Cantajuegos no tiene nombre. Un audiovisual que bien podría haberlo grabado yo en mi casa, con mi cámara de baratillo y subido a YouTube, con un croma desencuadrándose constantemente y confundiéndose las ropas de los animadores con la del fondo, más unos dibujos feos y mal combinados. Las canciones, bueno, tenían un pase, no es que me guste a mi ese estilo de campamento de los boy scouts pero vaya… Y, ¿qué decir del cartelito entre canción y canción, que parece hecho en el Word del ordenador del tío del bombín, puede haber algo peor hecho?. ¡Ah! y soy yo o en el nº 2, que es el que vimos, ¿sólo salen niñas con los animadores? ¡qué discriminación es esta!.
A mi marido y a mi nos entró tanta risa que se nos saltaban las lágrimas. Creo que esto es lo más desternillante que he visto desde mis vídeos de pequeñita cantando Corazón, corazón malherido en el salón de casa de mis padres…
Lo “peor”, sin duda, el exitazo que tuvo en mi propio salón. El bebito estaba flipado, haciendo ademán de arrancarse a bailar, moviendo extrañamente los brazos, ¡si hasta parecía que iba a dar palmas!.
Estamos perdidos. ¡Encima se nos han pegado las canciones!. Tengo cutre-tallarín para rato.