Tras haber visto la retransmisión completa de la cabalgata de Reyes por TeleMadrid, me reitero en lo que ya pensaba de otros años: no estoy hecha para cosas tan modernas.
Si me preguntaran qué me gustaría ver en una cabalgata de Reyes, diría:
– A los Reyes Magos montados en camellos y no en esas carrozas tan fluorescentes que dejan ciego. Montados, además, a una altura razonable del suelo, porque me pregunto si la gente que está en la calle consigue verles la cara.
– Me gustaría que Baltasar fuera negro de verdad, que a estas alturas parece mentira que todavía tengan que coger a un blanco y pintarle la cara.
– Que los pajes sean pajes como los de toda la vida, y no como el gigantón ese que hoy ha salido, que además tenía una cara espantosa. Mi hijo cada vez que lo veía se escuchaba a llorar y se escondía de la tele, no me extraña.
– Me sobran todos los muñecajos feos de narices que salen todos los años y dan más miedo que otra cosa: los peces voladores, los piratas (que parecían recién escapados de la cárcel) y los dioses del mar… que, además, ¿qué pintan ahí?.
– Con la actuación del piano colgado “del cielo” en Cibeles casi me duermo en el sofá, ¡qué aburrimiento!. Demasiado serio e intelectual para una cosa tan simple y festiva como la cabalgata de Reyes, creo yo.
Vamos, que lo que más me ha gustado de este año ha sido la carroza de Cantajuego y la de Clan TV. Me pregunto por qué no lo hacen más infantil, ya que está destinado a los niños (y además niños pequeños). Si yo tuviera que diseñar las carrozas, pensaría en dibujos coloridos, trazos simples, muñecos amables y cariñosos. Pero, ¿quién organiza esto? ¿Se ha confundido con Carnaval?. Me parece excesivamente moderno, onírico, psicodélico o como se quiera llamar. Visualmente horroroso y conceptualmente equivocado para el público al que se dirige.
En definitiva, que me quedo con creces con cualquier cabalgata de barrio, más tradicional y entrañable.
Menos mal que la ilusión no nos la quita nadie… Así que, sea como sea, ¡Feliz Día de Reyes!.