Empiezo por la conclusión: el Bugaboo Camaleon es una maravilla.

Y ahora os cuento cómo llegué hasta él

A pesar de todas las vueltas que di a las compras para mi primer hijo, no di ni una. Creo que ni haciéndolo a propósito hubiera comprado peor: no acerté ni con el carro, ni con la bañera, ni con la habitación…

En febrero de 2010, es decir, cuando apenas tenía 3-4 meses, ya podía recopilar mi top 3 de compras nefastas, poniendo en segundo lugar al carrito, un Trio 4 Me de Chicco. Todavía hoy veo la foto del mamotreto presuntamente plegado y me espanto, ¡qué compra tan mala!.

Por aquel entonces ya tenía claro que si tenía otro hijo no volvería a utilizar ese carro y me compraría un Bugaboo Camaleón. Finalmente, así lo que hice. De hecho, fue la única compra significativa que hicimos para Bebé, pues todo lo demás o ya lo teníamos o lo consideramos prescindible. Dicho y hecho, donamos el Trio 4 Me y la familia nos regaló el Bugaboo.

La primera sensación que tuve cuando lo pude probar, aún con Bebé en mi tripa, fue la misma que tuve cuando pasé del Trio 4 Me a la MacLaren: absoluta felicidad. A veces me daba vueltas por la casa, paseando ese carro ultraligero, que se movía con un dedo, que podía dar la vuelta en un mínimo espacio y no podía dejar de sonreír. Probé a meterlo en el ascensor, cabía sin hacer tetrix, nada de tener que levantar manillar y carro para poder cerrar la puerta. ¡Esto era otra cosa!.

Blanco

Bugaboo Camaleon

Esta ha sido mi experiencia con él:

 

MONTAJE DEL BUGABOO CAMALEON

Sin duda, una de las peores cosas del carro, todo hay que decirlo. Recuerdo ya haber sufrido para montar el carro de Chicco, pero montar el Bugaboo fue aún más complicado.

Parece mentira que algo en teoría sencillo se pueda complicar tanto, pero tras una tarde entera luchando con él no conseguimos dejar bien puesta la capota.

Las instrucciones casi mejor que no las miréis, no sólo no ayudan para nada sino que al final confunden más que otra cosa.

Finalmente descubrimos lo que le pasaba a la capota mirando por Internet, si no hubiera sido así habríamos tenido que ir a una tienda a reconocer que éramos incapaces de averiguar qué estábamos haciendo mal.

Desde luego, creo que este punto deben mejorarlo.

 

USO DEL BUGABOO CAMALEON CON EL CAPAZO

Cuando iba a tener a mi primer hijo, no sé muy bien por qué razón, valoraba que el capazo del carrito de bebé fuera rígido para que pudiera viajar tumbado en él en el coche. Un error como una casa, en primer lugar, porque el que el bebé viaje dentro del capazo es súper peligroso (imaginaos el golpe y cómo saldría volando en caso de accidente) y en segundo lugar porque en el coche que teníamos el capazo no se podía instalar en el asiento trasero por falta de sitio. Total, que me encontré con un trasto descomunal que no me cabía en el maletero y que tenía que meter de canto y completamente suelto en la parte trasera del coche, de modo que cada vez que frenábamos el capazo se movía, no sólo con riesgo de salir disparado hacia delante sino de darle al Mayor, que iba en su sillita del coche convenientemente atado.

El capazo rígido, ni qué decir tiene, pesaba un quintal, lo cual hacía que el carro, con una estructura ya de por si nada ligera, pesara muchísimo incluso sin niño dentro.

Quizá por eso el capazo del Bugaboo me gustó tanto en la comparación. Un capazo de loneta, similar a un cuco o moisés  acogedor, suave y muy ligero, que incluso se podía plegar en el maletero para dejarlo totalmente plano en caso de necesidad. Obviamente un capazo de este estilo no sirve para llevar al niño en el coche pero mucho mejor, porque así quien lo compré se verá obligado a comprar una silla donde llevar al niño en condiciones.

El Bugaboo con el capazo ha sido lo que más he usado dentro lo poco que he usado el carro.

Como he porteado mucho a Bebé, no he sacado todo el jugo posible al carro, pero el capazo sí lo usé más porque con su nacimiento llegó enseguida el calor y algunos días de mucha mucha torrera me apetecía más llevarlo ahí, a parte de que los primeros meses estaba aún dolorida de la cesárea y algunos días me sentía más cómoda saliendo con el carrito. En cualquier caso, el mayor uso que le di al capazo fue en casa como cuna con ruedas, para poder dejarle en algún sitio las veces que no le llevaba en un portabebés.

Llevarlo es un lujazo. Un carro que se conduce con un dedo, que se lleva sólo. Que incluso subiéndose el Mayor en el patín se lleva sin apenas fuerza, increíblemente ligero, fácil de maniobrar, capaz de girar incluso en los espacios más reducidos, de subir y bajar los bordillos o salvar pequeños baches sin casi inmutarse… En un barrio lleno de cuestas como el mío llevar un carro tan ligero y fácil de empujar ha sido una bendición, cuántos días me he acordado de lo que sufrimos con el dichoso Trio 4 Me.

 

USO DE LA SILLA MIRANDO HACIA MI

Un poco antes de los cuatro meses tuve que pasar a Bebé a la silla, mirando hacia mi. En las instrucciones del carro indica que no se recomienda antes de los 6 meses, pero a ver quién se lo contaba a Bebé. En el capazo intentaba sentarse, como no podía, se ponía boca abajo nada más tumbarle y así iba todo el camino, hasta que aprendió a asomarse por los bordes, un auténtico peligro. Bebé no quería viajar tumbado, normal por otra parte, más aún en un niño acostumbrado a ser porteado y ver el mundo erguido, así que probó la silla bastante pronto.

Como he comentado antes, la silla la hemos usado poco poquísimo.

Tanto Bebé como yo le habíamos cogido ya muchísimo gusto al porteo y sacar la silla me daba pereza y a él tampoco le entusiasmaba, íbamos mucho mejor en nuestras mochilas ergonómicas. Además, empezaba ya a refrescar, con lo que la excusa del calor tampoco estaba ahí.

Aún así, me ha resultado igualmente un carro muy cómodo. Bebé tardaba muy poco en quedarse dormido en la silla y se ha echado alguna que otra siesta bastante larga, fuera de lo común en él.

 

USO DE LA SILLA MIRANDO HACIA FUERA

Con 9 meses, es decir, hace poco, coloqué la silla mirando hacia el mundo, cambio del que no estoy nada convencida.

Bebé está acostumbrado a ir conmigo, pegadito a mi, sintiéndome y, sobre todo, pudiendo mirarme y viendo mis reacciones ante los estímulos. Por ejemplo, si alguien le dice algo, como no le gusta nada y le da miedo, puede enseguida esconder su cabeza en mi pecho y refugiarse. Si tiene dudas, puede mirarme y ver si sonrío o si estoy más seria.

Al ponerle mirando hacia el mundo, Bebé ha perdido esa referencia que tanto necesita y además le he dejado “sólo” ante todas las personas que nos paran y le dicen algo (que si ya hubo bombardeo con su hermano, con él que tiene los ojos azules es un no parar).

Tampoco me convence mucho porque al ser una silla relativamente alta y por el espacio que hay desde la parte superior de la capota hasta el manillar, no le veo. No sé lo que hace, si está bien o mal, si se ha dormido… Así que en varias ocasiones me lo he encontrado dormido, caído hacia delante. No me gusta haber perdido esta referencia de lo que hace, en gran medida también porque estoy acostumbrada a llevarle conmigo y cuidar de su bienestar en todo momento.

Lo cierto es que porteamos muchísimo y en los últimos meses casi me tengo que obligar a usar el carro de vez en cuando para que no coja polvo. Portear me parece mucho más práctico.

Por estos motivos, la silla se me empieza a hacer un poco trasto. Nada que objetar en cuanto a ligereza y facilidad para moverla, pero no me convence el no ver cómo está y no me convence el tener que hacer tanta operación para meterla en el maletero cuando tenemos ahí guardada, esperando a ser heredada, la MacLaren.

Creo que para llevar al niño mirando hacia fuera es muchísimo más cómodo optar por una silla ligera, aunque sobre gustos, colores.

 

ACCESORIOS DEL BUGABOO CAMALEON

El Bugaboo viene con varios accesorios que no están mal:

– Una mosquitera, que me resultó muy práctica en verano pues en el barrio había unas nubes de mosquitos asquerosas.

– La cestilla de abajo, que se que hay gente a la que no le gusta, a mi me ha parecido práctica y amplia. Sí que es cierto que cuando se lleva el capazo el acceso no es muy fácil, pero con la silla no hay ese problema. De hecho, muchas veces cuando voy a comprar al mercado me suelo llevar el carro porque como se lleva tan bien puedo cargar la cesta con facilidad y volver a casa sin mucho esfuerzo, menos del que emplearía tirando del típico carrito de la compra.

– El plástico para la lluvia, que sólo he usado una vez y fui incapaz de instalarlo. De todas formas, creo que no hay nada más incómodo que usar un carrito de bebé un día que llueve. Lo mejor, un portabebé, un abrigo de porteo, y ya puedes ir a cualquier sitio con las manos libres para coger el paraguas y lo que te haga falta.

A parte a nosotros nos regalaron el saco de invierno, que me encanta. A parte de amoroso y cálido, como todos, me gusta muchísimo lo bien acoplado que queda a la silla. Comparado por ejemplo con el original de MacLaren le gana por goleada, pues el otro es demasiado flexible, por decirlo de alguna manera, y enseguida se descoloca.

 

PLEGADO Y DESPLEGADO DEL BUGABOO CAMALEON

Una de las críticas que se le suele hacer a Bugaboo es que su plegado y desplegado no es sencillo.

A mi el plegado no me parece que tenga mucho intringulis. Es cierto que el Bugaboo se pliega en dos piezas, es decir, primero se pliega la estructura, como un libro, y luego se guarda el capazo o la silla, pero plegar la estructura es sencillo y se puede hacer casi con una mano.

Además, el hecho de que la estructura pese tan poco hace muy fácil el meterlo en el maletero, no hace falta estar cachas. La estructura de nuestro carro de Chicco pesaba muchísimo, yo tenía que cogerla con las dos manos y hacer un gran esfuerzo para poder meterlo en el maletero del coche, cosa que ahora no me pasa.

El hecho de que se pliegue en dos piezas es un poco rollo y no voy a negar que ocupa lo suyo en el malero. Desde luego, nada que ver con lo fácil que es plegar una silla ligera tipo MacLaren, aunque quizá la comparación no sea buena pues son dos carros pensados para dos usos distintos, creo yo.

Creo que todo depende de cómo se mire. Como he comentado más arriba, el capazo rígido del Trio 4 Me a nosotros no nos cabía en el maletero del coche que teníamos entonces y no hay más que ver la foto de la entrada que he enlazado para ver lo que abultaba el carro plegado. Que por mucho que se plegara en una pieza, ¡vaya cacho pieza!. Así que es relativo.

Lo que sí creo que es difícil es volver a armar el carro una vez plegado. La estructura no es fácil de volver a poner de pie. A nosotros nos costó lo suyo aprender el truco, hasta que nos lo comentó alguien que ya lo tenía, y aún así a mi la mitad de las veces no me sale bien y tengo que luchar con la estructura para que se queden las ruedas abiertas y de pie sin moverse.

Además, algunas veces nos pasa que no se queda bien sujeto hasta que ponemos encima la estructura del capazo o de la silla, lo que supone que muchas veces tengamos que montarlo entre dos o andar haciendo malabarismos para que no se nos pliegue de nuevo y se caiga al suelo la estructura antes de montarlo. Desde luego, no resulta muy práctico y no es para unas prisas, aunque imagino que alguien que monte y desmonte el carro todos los días le tendrá pillado el truco, nosotros no viajamos mucho en coche y para una vez a la semana que lo hacemos la verdad es que aún nos cuesta después de casi diez meses de uso.

 

LO MEJOR DEL BUGABOO CAMALEON

Desde mi punto de vista, lo mejor del carro es:

– Lo poco que pesa.

– Lo fácil que se maneja, con un sólo dedo.

– Lo bien que gira, sin esfuerzo ninguno y casi sobre si mismo.

– Lo bien que se conduce por terrenos con baches, bordillos, por arena, cuestas, etc.

– El capazo me parece muy acogedor.

– El saco me encanta, me parece comodísimo de usar y muy abrigado.

– Me gusta la capota, porque cubre muy bien para quitar el sol o el aire y además no se mueve (la del anterior carro se nos iba cayendo con el traqueteo hasta terminar abajo del todo y además no cubría bien del sol).

– La cesta, la veo con mucha capacidad y resistente.

– El freno en el manillar es súper cómodo.

– Las opciones de personalización en cuanto a colores.

– El sistema para cerrar los cinturones es fácil de encajar y fácil de abrir (por ejemplo el de la MacLaren me parece un horror de incómodo y duro).

– La regulación del manillar, que permite llevar cómodamente el carro a una persona alta o a una más bajita.

 

LO PEOR DEL BUGABOO CAMALEON

– El libro de instrucciones.

– No me gusta que a la silla no se le pueda bajar el respaldo. El hecho de que el niño vaya siempre sentado, tanto si va reclinada como si no, no me convence.

– No me gustan demasiado las posiciones de reclinado que admite la silla. La posición intermedia es la que he usado más tiempo, pero ahora mismo para la edad que tiene mi hijo le veo muy “para atrás”. Sin embargo, la posición vertical tiene algo que le veo al niño demasiado “echado hacia delante” y a la mínima de cambio se me cae para delante. Y no es un problema de Bebé puesto que se sostiene sentado por sí solo desde los cinco meses y tiene una buena tonicidad muscular.

– La barra nunca la usé con el capazo porque dificultaba mucho meter o sacar al bebé. Con la silla la llevo puesta para ponerle alguna cosita colgando pero me parece que está en una posición un poco engorrosa. Dificulta meter al niño, cuando era más pequeño y tumbaba la silla le tapaba la cara y no le veía… En fin, que no me gusta.

– Al ser más ancho de detrás que de delante, a veces te quedas enganchado en las puertas de las tiendas o en zonas estrechas, te crees que cabes pero al final te atascas.

 

LO HE VENDIDO

Tengo claro que no voy a tener más hijos y me parecía una pena empaquetar al carro y mandarlo al trastero cuando está tan nuevo que con las ruedas limpias creo que en una tienda no se podría distinguir de uno sin estrenar.

Así que se lo he vendido a una familia que espero que va a hacer muy buen uso de él y nosotros seguiremos mochileando, que por algo somos los fundadores de la única tienda en España especialista en mochilas portabebés ergonómicas, Kangarunga. :-)

 

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