Es posible que me convierta en la plasta de la teta porque la experiencia me está resultando tan increíble que ahora mismo me cuesta escribir sobre otra cosa.

Para una madre sin prácticamente experiencia alguna en lactancia materna, acostumbrada (como bien dice Carlos González) a ver lo que el Mayor tomaba de leche artificial en cada toma, pensar que mi propio cuerpo sería capaz de producir alimento suficiente para Bebé y que yo sería capaz de dispensárselo era… casi un acto de fe. Comprobar que es cierto, que soy capaz de amamantar a mi hijo, que la lactancia funciona, que sube de peso sin necesidad de ninguna ayudita, me tiene fascinada.

Ya, ya sé que no es un milagro, que es nuestra naturaleza mamífera, sin más, pero es tan perfecto que tiene algo de milagroso, ¿no?.