En menos de un mes me toca la ecografía que se suele denominar del tercer trimestre, la que habitualmente es la última de todas y se hace en torno a las semanas 34-36. En principio, es la ecografía menos importante del embarazo y sirve, básicamente, para comprobar que las medidas del bebé van bien y que el líquido amniótico y la placenta están como deben estar.

11 de septiembre de 2009. 35-36 semanas del embarazo del mayor. Ecografista sospechosamente callada. Una que no es tonta mirando la pantalla y viendo que la medida de la circunferencia abdominal sale como de un bebé de 32 semanas. Peso estimado: 2.100 kg. Diagnóstico: feto pequeño para su edad gestacional. Repercusiones: un fin de semana entero llorando a moco tendido, con la creencia de que la mierda de embarazo que estaba teniendo sí que había afectado a mi hijo y le estaba causando un mal; convencimiento absoluto de que llegados a ese punto estaríamos mejor por separado. Más detalles: en esta entrada escrita hace más de dos años.

22 de septiembre de 2009. Han pasado 11 días desde la ecografía anterior. Misma clínica de ecografías, distinta profesional. Medidas absolutamente normales. Peso estimado: 2.900 kg.

¿Esto cómo se come?. ¿Alguien cree que en 11 días puede un bebé engordar 800 gramos?.

2 de octubre de 2009. Nace el niño con 3 kilos de peso y 49 cm.

Conclusiones evidentes: ambas ecografías estaban mal. Ni pesaba 2.100 kg en la primera, ni pesaba 2.900 en la segunda.

Berrinche y sufrimiento innecesarios. 11 días horrorosos sumados a lo que ya llevábamos encima. ¿Podía pasarme algo más?.

¿Qué conclusión saqué de todo aquello?. Que las ecografías son relativas, muy especialmente al final del embarazo. No reniego de ellas, me parecen un instrumento científico maravilloso, que ha hecho posible incluso que algunos bebés puedan ser diagnosticados y operados dentro de la tripa de su madre. Pero no son, al menos de momento, y ni siquiera empleando la técnica 4D, como tener al niño en vivo y en directo delante del médico.

Estoy convencida de que si me hiciera 5 ecografías en el mismo día, en 5 sitios distintos, con máquinas distintas y profesionales distintos, en cada sitio daría unas medidas. Algunas se parecerían y otras podrían llegar a ser un disparate. Las mediciones se hacen a pulso, dependen de la pericia del profesional, de las ganas que tenga ese día de afinar poniendo la cruz justo donde tiene que ponerla y no un poquito más para allá, de la postura que tenga el bebé, de si está ya muy encajado o no, de lo buena que sea la máquina que emplea…  Un milímetro de más o de menos estropea todas las mediciones. Y las conclusiones de la máquina ecográfica, esa que coge y combina todas las mediciones y decide el peso estimado, no son iguales en todas las máquinas.

Es más, que un bebé de 35-36 semanas pese 2.100 kg es un mal dato (indicativo de feto pequeño para su edad gestacional) según quien lo mire. ¿Puede medir lo mismo en esas semanas un bebé que va a nacer con 3 kilos que otro que va a nacer con 4 kilos?. Evidentemente no. Al principio de la gestación puede que tengan medidas similares, pero conforme se acerque el final, la diferencia de tamaño y peso es más que evidente. Entonces, ¿dónde está el límite entre lo que se considera normal y lo que es patológico?. Depende de quién interprete los datos y las tablas que maneje. Hace poco, por cierto, he leído de alguien que en esa ecografía le calcularon 2 kilos justos y no le dijeron que hubiera ningún problema.

En estos más de dos años escribiendo el blog me han escrito varias mujeres preocupadas preguntándome por las medidas de las ecografías, por disparidades entre los tamaños de la cabeza, del abdomen, del femur… Siempre digo lo mismo: que es relativo, muchísimo, y más cuanto más avanzado está el embarazo. Mi hijo es delgadito, la parte del torax la tiene con sus costillas y vértebras bien marcadas, ¿quién dice que eso no es normal?. Es lógico que su constitución ya se hiciera patente en las ecografías de su gestación. Los bebes parecen todos iguales pero de eso nada: los hay largos y flacos, los hay largos y con mucha chicha, los hay chiquitos en general… Como los adultos, vaya. ¡Por cierto! Que de unos padres como nosotros, no muy altos y delgados, ¿se podía esperar tener un niño cuál Buda?.

Por desgracia, el disgusto no te lo quita nadie. Cuento esto y al mismo tiempo confieso sin  tapujo alguno que voy a esa ecografía con cierto temorcillo, mentalizada de que se pueda repetir el diagnóstico, puesto que ya en la 4D estuve comentando con la ecografista cómo era el mayor y lo que pasó en 2009, pues el pequeñajo también parece que viene delgadito de perímetro abdominal.

Mi mantra para ese día: las medidas son relativas … y yo tengo un molde pequeñito.