He tardado casi un mes en publicar esta entrada. Es el tiempo que he tardado en ponerle a la foto que más me gusta una marca de agua que fuera lo suficientemente molesta para estropear la foto pero, al mismo tiempo, lo suficientemente pequeña para que se pudiera apreciar al chiquitín. ¡Mis sudores me ha costado!.

La ecografía 4D es una ecografía totalmente prescindible durante el embarazo. De hecho, muchos padres no se la hacen porque no les apetece, porque quieren mantener la sorpresa, porque cuesta una pasta, porque anteriormente han probado con otros hijos y no les salían bien las imágenes… Cada cual tiene sus razones.

En principio, no es una ecografía diagnóstica, por eso digo que es totalmente prescindible. Ahora bien, depende de dónde te la hagas. Yo he acudido en cada embarazo a un sitio que tiene buena fama, con una ecografista que parece ser de lo mejorcito de Madrid y el repaso que le hacen al bebé es completísimo: la ecografía más completa de todas. Esto es porque la técnica empleada no sólo sirve para ver la carita al pequeño y sus gestos sino para observar de una forma más exacta un montón de cosas que no se pueden ver en las ecografías clásicas. A mi chiquitín le miró muchísimas partes de su anatomía, explicándonos para qué servía cada medición y qué indicaba, aunque no recuerdo ningún ejemplo concreto por ser términos médicos bastante complicados.

Hay quien dice que lo de 4D está mal dicho porque no existen cuatro dimensiones. Bueno, se sobreentiende que son tres dimensiones más el movimiento. Aunque para quien no se la haya hecho hay que explicar que el movimiento lleva un pelín de retardo… Se ve muy claramente pero si el niño se mueve mucho en ese momento, la imagen se enturbia por unos instantes.

Lo bien o mal que se capte la imagen depende de varios motivos. Yo tengo la suerte de que se me ve muy bien, la ecografista siempre me ha dicho que tengo una musculatura estupenda en esa zona. Se supone que una persona con mucha grasa, por ejemplo, tendría más dificultad para la visualización, pero yo conozco mujeres delgadísimas a las que no se les ha visto nada bien. La posición del bebé también influye, lógicamente. Si ese día está girado o se tapa con las manos, normalmente hay poco que hacer.

Se suele realizar entre las semanas 24 y 30 aunque las semanas idóneas son entre la 26 y la 28. Se considera que antes de esas semanas el bebé tiene muy poca grasa corporal por lo que su carita no es del todo definitiva (de esto doy fe porque al mayor le vimos con 20 semanas y tenía la carita muy chupadita) y pasada la semana 30 están tan apretados en la bolsa que la cara puede salir deformada (nariz aplanada, por ejemplo). Yo, las dos veces, me la he hecho durante la semana 27.

Ya que estáis ahí, le toman las medidas, aunque yo en esto soy relativamente escéptica, sobre todo en la segunda mitad del embarazo, y creo que hay que tomárselo con mucha relatividad. Hablaré de ello otro día. En los dos embarazos, mis hijos han pesado en torno a 1 kilo en esa ecografía hecha en la semana 27.

Como he dicho antes, hacérsela o no es una decisión muy personal. Para nosotros ha marcado en ambas ocasiones un antes y un después. Por mucho que notes a tu bebé, verle en movimiento, ver su cara, verle abrir la boca, tragar líquido amniótico, cogerse un pie, chuparse un dedo, quitarse el cordón de la cara, sonreir, responder a los movimientos del ecógrafo… es impresionante. Sales de allí creyéndote mucho más el embarazo y siendo plenamente consciente de la vida que tienes en un interior.

A partir de esta ecografía es cuando yo he empezado a llamar a mis hijos por su nombre, a hacer su album del bebé y a comprarles las cosas que necesitara para ellos. No por nada en especial, simplemente porque el efecto psicólogico que ha tenido en mi es el de dejarme claro que sí, que es real, que el bebé no sólo está de camino sino que es ya un bebé en toda regla y que el nacimiento es cuestión de semanas.

En nuestro caso, además, esta ecografía nos ha servido para tener un déjà vu (o como se escriba). Son tan idénticos que costaba creerlo cuando empecé a verlo en pantalla. Quizá este pequeñín esté un poco más mofletudo, pero por lo demás, dos gotas de agua. Incluso en las mediciones, el tamaño de su abdomen salía más pequeño que el resto del cuerpo, exáctamente igual que su hermano. Vaya, que teníamos el molde de hacer niños bien conservado.

A mi me parece una ecografía 100% recomendable, sin ninguna duda.

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