Seguro que uno de los momentos más esperados de un embarazo es cuando se empieza a sentir al bebé dentro de nuestro vientre. Creo que marca un antes y un después, todo parece más real cuando diariamente puedes sentir a tu bebé.

En mi primer embarazo lo sentí por primera vez justo al cumplir 16 semanas, la misma noche que me ingresaron en el hospital por neumonía. Creo que fue una señal divina, mucha casualidad que justo en ese momento y no en otro sintiera su presencia… Creo que fue algo en plan “tranquila, estoy aquí y yo estoy bien, cuídate tu mami“.

Muchas personas sienten sensaciones extrañas antes de sentir la primera patadita pero en mi caso no fue así. Esa primera vez fue claramente un toquecito, como si alguien llamara a la puerta con un puñito diminuto, toc toc toc.

Durante las primeras dos semanas desde aquello no le sentí todos los días, pero a partir de la semana 18 sí y desde la semana 19 podía notarlo cualquiera. Mi hijo mayor fue muy movido, presagiando ya cómo sería después. No recuerdo que desde esas semanas estuviera más de unos pocos minutos sin moverse, quizá alguna vez nada más levantarme por la mañana.

En este segundo embarazo lo he notado tan pronto que me imagino que habrá quien no me crea. Siempre he oído que en el segundo embarazo y posteriores se nota mucho antes pero nunca pensé que tanto. Quizá es que yo he estado más receptiva o que ya sabía qué esperar o que tengo los músculos de la zona muy sensibles tras dos operaciones en el útero…

Justo al cumplir las 6 semanas, tumbada en la cama, noté que la vida fluía. Ya sé que de tan poético suena súper ñoño, pero así fue. Era sábado, tenía programada la primera ecografía justo para el lunes y hasta ese día había dudado de si podría verse o no latido por ser muy pronto. Esa noche ya no tuve más dudas, noté que latía, que había vida, que el útero estaba lleno de sangre en movimiento.

Con 9 semanas, guardando los platos en el lavavajillas, sentí el primer movimiento, clarísimo. Me quedé asombradísima y muy quieta a ver si se repetía. No fue así, pero no tuve ninguna duda. A partir de ahí, fui notando esas famosas mariposas, gusanitos y culebrillas que nunca noté en mi primer embarazo. No todos los días, a veces cada dos o tres días, a veces en días alternos…

Con 11 semanas comencé a notarle a diario una vez o dos. Las mariposas poco a poco se fueron convirtiendo en toquecitos, tirones… Así que cuando fui a la ecografía de las 12 semanas, sabía de sobra que andaba por ahí moviéndose.

A diario y de manera frecuente comencé a notarle con 14 semanas. Curiosamente, mi marido y resto de familia tardaron bastante más en notarle, creo que no antes de las 20 semanas. Sin embargo, yo podía notar incluso cuando se estiraba y se cambiaba de postura.

Los movimientos de cada uno son diferentes y creo que depende en gran medida de la colocación (a parte de su personalidad, claro):

Mi hijo mayor estuvo siempre en posición cefálica, por lo que yo notaba sus movimientos sobre todo en la parte alta de la tripa. Además, su forma de moverse siempre fue brusca y lo que más recuerdo son golpes y pataditas bien fuertes. Enseguida empezó a tener hipo, un hipo clarísimo y que hacía temblar toda la tripa. Desde la semana 32 encajó la cabeza y notaba clarísimamente esa presión y en las últimas semanas tenía la sensación constante de que en cualquier momento asomaba la cabeza en mitad de la calle.

Mi pequeño bebé lleva todo el embarazo de nalgas. Sus movimientos son mucho más suaves. No siempre noto golpes, la mayoría de las veces noto como se mueve, se estira, como sube y baja la pierna o los brazos. Noto claramente su cabeza debajo del pecho muchísimos días y algunas veces también un pie en las costillas. Pasa muchos ratos sin moverse, me imagino que dormido como un tronco y aunque ya hace semanas que puedo sentir su hipo, lo noto de forma mucho más débil.

Mochilas-Portabebes.esTienda online especializada en mochilas portabebés ergonómicas.
Asesoramiento sin compromiso