Silvia, a través de Formspring, me ha pedido que comente mi opinión sobre las sillas de paseo (de segunda edad, entiendo). Aunque tengo las neuronas fundidísimas de no dormir y de la caña que me mete el niño todos los días, me viene al pelo su petición porque llevaba mucho tiempo queriendo contar lo encantada que estoy con mi silla MacLaren.
Soy el colmo de la indecisión. Desde que tuve al niño he empeorado (¡si cabe!) y estoy alcanzando niveles enfermizos. Para elegir la secadora que nos compramos las Navidades 2009-2010 estuve más de 6 meses, ahora llevo más de un mes para elegir videocámara y barrera para la cama… y siento que no he hecho más que empezar. Cuando decido comprar una cosa, miro, remiro, leo, busco las características, contrasto opiniones si me es posible, voy a doscientas tiendas a verlo… y al final lo compro, no sin tener la sensación de estar metiendo la gamba. Lo cierto es que casi siempre acierto pero también ha habido otras ocasiones en las que no he atinado, lo que me daba rabia por partida doble, habiendo perdido tanto tiempo en hacer el estudio de mercadoAsi me pasó, por ejemplo, con el carrito que compré para el nacimiento del niño, el Trio For Me de Chicco…
A lo que iba: que para comprar la silla de paseo de segunda edad también me hice un master, como no podía ser de otra manera.
¿Por dónde empezar?. Lo básico debería ser centrar nuestras necesidades. Hay gente que le da muchísimo trote a las sillas (por el campo, muchas horas diarias, para meter en el transporte público, por ejemplo) y necesitan una silla adaptada a ese uso. Sin embargo, hay gente, como yo, que realmente no la usamos demasiado, es decir, un ratito todos los días, para caminar por zona asfaltada y poco más. 
La resistencia es importante, pero el peso y el plegado lo son tanto o más. Nuevamente hay que analizar qué es lo que uno necesita. Para mi era básico que la silla pesara poco y que se plegara en un espacio mínimo, porque muy a menudo salgo con el coche y mi maletero es minúsculo. Además, vivo en una zona con muchas cuestas y ya había padecido el ladrillo de la silla del Trio For Me de Chicco que tuve desde el nacimiento. De hecho, que fuera un ladrillo no sólo hacía durísimo subir tanta pendiente sino que meterla en el coche era todo un esfuerzo. Muchas veces pensaba, al realizar la maniobra, que no podría hacerlo estando embarazada de otro niño o estando con una cesárea reciente, me hubiera lesionado seguro.
Con todas estas consideraciones, me decidí por una Maclaren Quest. ¿Por qué?:
- Porque es súper ligera, la más ligera de mercado (5,5 kilos).
- Porque se pliega con una sola mano de una manera muy fácil.
- Porque plegada no ocupa prácticamente nada y se puede transportar con una sola mano o colgada al hombro.
- Porque cabe muy bien por las puertas y gira en poco espacio. Mi anterior silla no pasaba por un par de puertas de mi casa en las que tengo puesta una cancela, por lo que la tenía que plegar para poder quitarla del medio. 
- Porque incorpora un pequeño bolsillo que es súper práctico para llevar un par de pañales, unas toallitas y el vaso del agua. A mi me quita de sacar el bolso grande del carro casi todos los días, lo que contribuye a que pese aún menos.
Cuando la compré, estuve más de una semana que no podía dejar de sonreir cuando salía a la calle con ella. Encantada es poco. Fue pasar a otra dimensión, ¡la silla iba sola!. Mi marido decía: pero, ¿por qué no la hemos comprado antes?.
¿Inconvenientes?. Por supuesto, la silla perfecta no existe. La Maclaren es bastante cara, la cesta de abajo no tiene un gran acceso (se complica aún más cuando se tumba el respaldo), no se reclina del todo… Nuevamente habrá que analizar si los inconvenientes de la silla que queremos son importantes para nosotros o no. Para muchas personas es fundamental que su silla se recline totalmente. Para mi no, mi hijo se duerme hasta sentado y sus siestas en la silla nunca duran más de 20 minutos, por lo que era algo totalmente accesorio.
Hay que considerar, si se anda escaso de presupuesto, que los accesorios originales para las sillas más caras son también más caros. Eso sí, desde mi experiencia, también son mejores. El plástico para la lluvia de Chicco me parecía bastante endeble y se marcaban muchísimo las arrugas de doblarlo. El de Maclaren es mucho más resistente, el sistema para ponerlo es mejor y no queda marcado aún después de haber estado doblado mucho tiempo. El saco de invierno original de la Maclaren es ultra ligero e increiblemente suave. El de la silla Chicco era mucho más pesado y grueso. Como veis, soy fan de Maclaren, no lo puedo evitar. 
Luego está el capítulo de las leyendas urbanas. Todas las sillas tienen fama de algo (malo) y la mayoría de las veces es una fama inmerecida. De la Maclaren se dice que vuelca hacia atrás con facilidad. He leído cada historia para no dormir sobre ella que es de risa y, lo peor, es que habrá quien se lo crea. La silla Maclaren es una silla ultra ligera. Obviamente, si colgamos tres kilos de naranjas del manillar y levantamos al niño, la silla se irá hacia atrás. Pero esto nos pasará con todas, en mayor o menor medida. Lo que puedo asegurar, y es física pura, es que con un niño, pongamos, de 10 kilos, ahí sentado, la silla no vuelca aunque colguemos dos melones del manillar. Es de sentido común. 
Yo recomendaría, si es posible, que antes de comprar la silla la veamos en la calle en funcionamiento. Yo no me decidí por la nuestra hasta que no me dejó probarla una vecina, con su niña y todo dentro. Fue hacer cuatro movimientos y querer salir corriendo a por ella. 
Espero haberos ayudado algo con mi experiencia…