Cuando hablamos de mindfulness para niños, sobre todo cuando Mayor lo comenta con naturalidad si sale en la conversación, es habitual que en petit comité me pregunten para qué sirve eso que tiene un nombre tan raro.

Cuando decidimos apuntar a Mayor al taller al que asistió en otoño, teníamos claro que más allá de aprender determinadas técnicas para relajarse y estar más centrado, queríamos darle un empujoncito para que continuara ese proceso en el que lleva años trabajando: ralentizar el rapidísimo discurrir de su mente y ser mucho más consciente de sus sentimientos y sensaciones para evitar que le dominen. En definitiva, cambiar el chip hacia una actitud en la vida más serena y que le produzca menos sufrimiento (porque los niños – y adultos – con su intensidad emocional sufren mucho, lo sé por experiencia).

Algunos de los beneficios del minfulness para niños son:

  • Mejorar el equilibrio emocional. A menudo los niños se ven arrasados por sus sentimientos, presionados también por la sociedad que insiste en que los niños mayores no lloran, no se enfadan, etc, etc. A través del mindfulness los niños se permiten sentir y comprenden que no somos nuestros sentimientos. Es decir, tu puedes estar triste, pero no por eso eres un llorón. Para mi esta ha sido una piedra angular de la crianza de mis hijos desde una perspectiva respetuosa: permitirles sentir y hacerles entender que, digan lo que diga, es normal llorar, enfadarse o angustiarse. Que tenemos que permitirnos sentirlo y que podemos expresarlo como queramos. Y que estar triste o enfadado no es algo que nos defina, es simplemente algo que sentimos y que podemos gestionar sin que nos arrase.

    Los que defienden otro tipo de educación dirán ¿y dónde está los límites, es que todo es admisible? ¡esto sería la jungla si así fuera! Pero no, no vamos a mezclar conceptos. Mindfulness nos ayuda a entender que:

    Los niños que practican mindfulness tienen mayor facilidad para volver a una situación de equilibrio cuando se sienten tristes, angustiados o dolidos. Les damos herramientas útiles para toda la vida.

  • Desarrollar la capacidad de resiliencia, es decir, la capacidad que tenemos las personas de recuperarnos frente a los duros golpes que nos da la vida, centrándonos en el momento presente y aprendiendo a canalizar los sentimientos que nos producen sufrimiento. Si queréis ahondar en este tema, os recomiendo el fantástico álbum ilustrado de Anna Llenas, Vacío, una lectura que os recomiendo muchísimo.
  • Mejorar la atención, el focalizar en la actividad que estamos realizando, algo que sin duda tiene su efecto en el rendimiento académico que tanto preocupa a muchos padres.
  • Desarrolla la capacidad de introspección, una herramienta vital que considero absolutamente básica en el desarrollo de un ser humano.
  • Potencia la amabilidad no sólo hacia los demás sino también hacia uno mismo así como otras habilidades sociales que buscan el bienestar del grupo: la empatía, la colaboración, la objetividad o la paciencia, por ejemplo.
  • Aprender a parar nuestra mente. A menudo mis hijos parlotean sin parar cuando se meten en la cama. Sobre todo el pequeño, cuya verborrea es imparable durante todo el día, al acostarse tiene un gran conflicto: está agotado pero su mente fluye a toda la velocidad y no puede parar el torbellino de pensamientos que le hacen recordar todo lo que ha hecho, lo que hará mañana y sus sentimientos en torno a ello. Deseando dormirse pero siendo incapaz de desconectar la mente, algunos días acaba llorando de pura frustración. A través del mindfulness podemos aprender a frenar esa fábrica de pensamientos.
  • Mejorar la impulsividad. Aumentando el autocontrol, podemos frenar antes de que nuestros sentimientos nos lleven a comportamientos no admisibles.

Obviamente esto no es cuestión de un día. Como decía al principio de este artículo, el mindfulness es una actitud ante la vida, es algo que se practica y se aprende con el tiempo, con el uso diario. Pero esto es un principio y me gusta hacia donde nos encamina… Si, en plural, porque aunque sea Mayor el que ha hecho el taller, al final esto nos conduce a ser una familia mindful. A veces pienso que por fin he puesto nombre a ideas que tenía desde hace años, cuando la maternidad cambió mi vida: buscar una existencia más sencilla, más centrada y plena, aceptándonos a nosotros mismos sin importar si esto nos lleva contracorriente.

Como ya he comentado anteriormente, estoy valorando apuntarme yo misma a un taller o quizá alguna actividad de minfulness en familia, en la que se pueda iniciar también el Peque, al que creo que le vendrían fenomenal el mindfulness para niños aunque posiblemente sea aún un poco pequeño.

 Foto | Conscious Kids Club