Mi bebito nació con poco pelo y muy finito, pero con una especie de coletilla larga en la nunca horrorosa. Me faltó tiempo para cortársela, creo recordar que fue de las primeras cosas que hice cuando nos dieron el alta… si no se la corté en la misma clínica, no estoy segura.
Así lo tenía cuando nació

Con un mes y algo se había quedado casi calvo por completo. Fue la etapa en la que estuvo más feito porque entre la bola de billar y el estirón que pegó, tardó unas semanas en asentarse la cara y volver a tener el mismo aspecto que tenía.

A partir de ahí el pelo se estancó. Con el paso de los meses empezó a notarse esa clara  (y fea) marca que tienen casi todos los bebés detrás, fruto de estar tanto tiempo tumbados, pero lo que es por la parte de arriba estuvo con el pelo escaso por lo menos hasta los 5 o 6 meses. Gracias a esa marca pude apreciar que, aunque muy lentamente, algo le crecía. En algún momento pensé que no le crecía nada, de hecho recuerdo haberlo hablado con la pediatra, que me dijo que los bebés rubios suelen tardar mucho más en sacar el pelo.
A partir de los 6 meses le fue creciendo el pelito algo más deprisa y algo más denso, sobre todo por la parte de atrás. Poco a poco esa marca de estar tumbado se le fue disimulando y se le empezaron a ver los primeros rizos.
Cuando llegó a los 10 meses no me gustaba nada como tenía el pelo. Por la parte de atrás le había crecido bastante y lo tenía muy desigual. Se le formaban rizos en algunas zonas y en otras las tenía lisas. Intenté usar la máquina cortapelos que uso con mi marido pero le daba pavor. ¡Qué cara de pánico!. Lo dejé durante unos días y al final me lancé con las tijeras. Con la ayuda de Baby Einstein, de pie apoyado en el mueble de la tele (le encanta ponerse ahí, bien pegadito a la tele) y con las tijeras de cortarle las uñas (que tienen la punta roma) le fui recortando poquito a poco toda la parte de atrás y los laterales. Para ser la primera  vez que hacía un corte con tijeras, no me quedó mal. Conseguí igualar un poco y con respecto a la parte de arriba, que no la toqué, quedó bastante integrado.
El pelo siguió creciendo bastante deprisa (no como un adulto, pero sí más deprisa), en muy pocas semanas volvieron los rizos, esta vez peor. En la coronilla tenía un remolino larguísimo que se le encrespaba cada dos por tres. En la parte de arriba cada vez más pelo pero muy desigual, pues le está naciendo ahora pelo en toda la zona de la frente y de las sienes, que lo tiene todavía muy despoblado. El resultado era una maraña por detrás y un flequillo corto e irregular, totalmente liso, por delante. Inútil peinarle, siempre llevaba pelos de loco. Mi madre, en su estilo habitual, me dijo la semana pasada que si yo nunca peinaba al niño, porque vaya pelos que llevaba.
Nuestra idea era dejarle crecer el pelo hasta un largo que estaba por determinar, para ver cómo lo tenía y ya decidir qué hacer. No es que se lo fuéramos a dejar como a Bisbal, pero un poco larguito, por lo menos para ver cómo lo tenía, sí.  Pero en las últimas semanas yo ya me había dado cuenta de que eso no iba a ser posible por lo desigual que lo tenía.
Así que ayer por la tarde le estuve trasteando para ver qué arreglo podía hacer. La cosa estaba complicada: algunas zonas estaban muy largas y otras, las que están naciendo, cortísimas. Si me ponía con las tijeras ya no podría dejar sin tocar la zona superior y eso era mucho reto para mi. Pensamos en llevarle este fin de semana a una peluquería infantil que conocemos por la zona, pero en Internet he leído que usan maquina, el problema iba a ser el mismo. Así que, antes de nada, dije: vamos a probar cómo reacciona.
De nuevo con San Baby Einstein, de nuevo apoyado en el mueble de la tele, le enseñé la máquina y le dejé jugar con ella, mientras la encendía brevemente para que escuchara el sonido. Ya no le daba miedo, casi le hacía hasta gracia. Probé a pasársela por la cabeza sin encender. Todo bien. Mi marido estaba espectante: como le hagas una pasada y se ponga a llorar desesperado, ¡le vamos a hacer un berenjenal tremendo!. Pues sí, ¡qué responsabilidad!, ¡qué nervios!. Y, ¿qué número uso?. Porque para dejárselo igualado, tenía que ser muy cortito…
Nada, yo estaba decidida, a mi a cabezona no me gana nadie. Selecciono el 15, cojo aire y empiezo a cortar. ¡Qué divertido!. Aquello era como esquilar una oveja, con los rizos cayendo al suelo. En tres minutos toda la  cabeza igualadita, ya tengo al nene como si fuera mañana fuera a la mili.
Por supuesto, le ha faltado tiempo a mi madre para decirme por teléfono que cómo se me ocurre rapar al niño dos días antes de su cumple, que va a salir en las fotos con cara huevo. Pero, ¡en qué quedamos!. 
Hombre, la diferencia es importante, sobre todo porque ahora tiene el pelito pincho. Pero yo le veo guapo igual. Calvo, pero guapo igualmente. Ahora se lo puedo dejar crecer con la tranquilidad de que todos los pelos crecerán al mismo tiempo y no cada uno por su lado. 
¡Qué a gustito me he quedado con el pelao que le he hecho!. Si es que yo tenía que haber sido peluquera, lo que me gusta a mi el tema capilar…