Solemos bromear con que el niño, de mayor, va a ser frutero. Si pudiera hablar y elegir su sitio favorito, estoy segura de que, a día de hoy, sería la frutería. Sólo hay que ver la cara de alegría que se le pone cuando entramos, más todavía si su padre le coge en brazos y empieza a decirle los nombres de las frutas, mientras él señala. Además, el frutero de la que tenemos al lado de casa es un hombre de estos que adoran a los niños y en cuanto entramos ya le está buscando con la mirada para que le diga tonterías, es una de sus personas favoritas, sin duda.

Así que cada vez más, le dejo jugar con frutas y verduras. El lunes, cuando subimos de la frutería, le fui pasando una naranja, un pimiento verde, un aguacate, una zanahoria, una pera… El niño encantado, con la boca abierta, y yo guardando la compra tan ricamente. Algunas frutas, además, tienen premio especial: ¡una pegatina!. ¡Con lo divertido que es coger la pegatina y probar a ponerla en otros sitios!.
Eso sí, no le des una fruta entera para que se la coma, porque eso sí que no. El lunes le di una fresa bien apetecible y después de haberla chuperreteado un rato, acabó refregada por el suelo, espachurrada y llena de pelusa, casi entera. 
Al final te das cuenta de que tanto juguete moderno y tanta historia sofisticada y la mayoría de las veces les entretiene más cualquier cosa mucho más simple: un plato de lentejas secas, una hortaliza, una botella de agua vacía, un rollo de papel higiénico…