No sé si existirán estadísticas, probablemente sí, pero si os dais cuenta, la gran mayoría de los nacimientos se producen en primavera/verano. Estoy segura de que las clínicas de maternidad se encuentran mucho más despejadas en los meses de invierno. Yo creo que la explicación más sencilla es que estos niños fueron concebidos durante las vacaciones de verano o principios del otoño, épocas en las que la gente parece que tiene más ganas de arrimarse (algo que a mi siempre me ha resultado curioso porque con lo calurosa que soy, en verano prefiero que nadie se acerque demasiado). No creo que sea algo premeditado.
Como la gente tiene mucha mala leche, o yo soy muy susceptible (o ambas cosas) no he podido evitar tomar nota de los comentarios del tipo “pobrecito, nacer en invierno, con el frío que hace“. Mi contestación habitual, para zanjar el tema, suele ser “yo odio el verano y no creo que sea mucho mejor, la verdad“. 
Y no lo digo en plan borde. A mi el verano me crispa los nervios. Hace muchísimo calor, sudo a mares, con el aire acondicionado no se puede dormir y durante el día tampoco encuentra uno la temperatura ideal, sales a la calle y te quedas pegada al asfalto, entras en el Corte Inglés y te quedas helado…Con lo caluroso que ha demostrado ya ser mi hijo, ¡veremos como pasa las noches de verano!.
Además, con lo que me costó quedarme embarazada, como para andar seleccionando los meses de “sprint” sexual en base al mes en que nacería el bebé.
Pero es que, en serio, no tengo claro que sea preferible nacer en primavera o verano.
Mi hijo nació el 2 de octubre, con un calor de más de 30 grados, como si estuviéramos en junio. El tiempo se mantuvo así hasta bien entrado noviembre y fue en diciembre cuando el invierno entró de lleno. En ese momento el tenía dos meses y lo mismo le daba estar en casa que fuera. Cuando un bebé es recién nacido, no se entera de nada y si no sale a la calle ni le da la luz del sol ni se va a dar cuenta. Puede que la madre se vuelva tarumba, como es mi caso, que estoy del encierro obligatorio hasta el moño. Pero el bebé ni repara en ello.
En cambio, mi hijo tendrá 6 meses en abril, es decir, que su “despertar” al mundo va a coincidir con la primavera y cuando esté gateando y quizá dando sus primeros pasos todavía hará tiempo de verano, los días será largos…
Los recién nacidos en primavera o verano podrán salir a la calle con sus orgullosas mamás en su capazo. Estamos de acuerdo que el sol y el airecito es bueno para los bebés, pero ellos no van a percibir la diferencia. Las mamás estarán contentas de poder pasear con ellos y presentárselos a la gente, no me cabe duda. El paseo seguro que viene muy bien para el postparto, además.
Pero cuando sus bebés tengan 6 meses estarán metidas de lleno en el invierno. Y como el invierno próximo venga como está siendo este, auguro tres meses o más de encierro forzoso. Así que su “despertar” al mundo quedará un poco deslucido por fuerza mayor.
Visto lo visto, me parece que lo mismo da nacer en abril que en octubre, todo tiene sus ventajas y sus desventajas. Yo, desde luego, no planificaría un embarazo pensando en la climatología.