Hace unos días Bebé ha cumplido dos años.

Si bien soy incapaz de recordar su primer cumpleaños, envuelto todo en esa nube de la que hablaba en el último post, este cumpleaños ha sido especial.

He sentido que además de celebrar su cumpleaños celebrábamos también la lenta pero esperanzadora salida de este túnel donde llevamos metidos tanto tiempo. Y es que, a pesar de que la alta demanda sigue ahí y sigue marcando nuestra vida, más o menos desde el mes anterior, es decir, desde los 23 meses, Bebé ha experimentado muchos cambios positivos que hacen las cosas algo más sencillas.

El cambio más relevante es el de el lenguaje. Creo que en algún momento medio en broma medio en serio llegué a comentar en petit comité si el niño sería mudo porque frente a la berborrea que exhibía desde bien pequeño su hermano mayor el no despegaba los labios, ¡no decía ni pío! Eso sí, ponía cara de estar muy atento y concentrado, ahora entiendo por qué. Está claro que estaba tomando nota y no quería hablar hasta hacerlo correctamente porque de la noche a la mañana no sólo maneja un vocabulario desde mi punto de vista muy amplio para lo que pequeño que es sino que te sigue las conversaciones, te cuenta lo que ha hecho incluso días atrás y razona con mucha lógica.

Como decía, aunque la alta demanda esté ahí, poder comunicarnos es un paso muy importante para facilitar las cosas. De hecho, no creo que sea casualidad que después de periodos muy complicados la relación entre hermanos esté en uno de sus mejores momentos. Verles tener micro-conversaciones es muy divertido, aunque de ellas normalmente salgan trastadas y más trastadas.

Bebé nunca ha querido ser bebé y no hace más que demostrarlo mes tras mes. Ya casi no necesita ayuda para quitarse la ropa o ponerse las zapatillas y aunque a mi me da mucha pereza creo que está a punto de dejar el pañal, pues él mismo pide hacer pis varias veces al día. Bebé está muy muy muy rico y eso ayuda a sobrellevar todos esos momentos en los que estamos a punto de perder la cabeza.

En estos tiempos donde se llevan súper fiestas con decoración monísima, nosotros hemos sido más austeros que nunca. Bebé no ha tenido regalo por nuestra parte, ya que no le gusta jugar con juguetes y además tiene decenas de su hermano y, por otro lado, acabamos de instalar su dormitorio y no tenía sentido gastar por gastar.

Lo que sí ha destacado este año es la preciosa tarta que nos hizo mi amiga Gauri de Rosso Gourmet, cuya foto encabeza este post. Bebé se volvió loco con ella, viéndose identificado con el muñequito que la presidía. Con lo que a mi me gusta comer, ya me vale no haber probado nunca este tipo de tartas. Le pondremos remedio al tiempo perdido porque después de haber probado una me parece que nos van a esperar muuuucho tiempo en las pastelerías del barrio.

Mirad qué monada nos regaló Gauri por el día del libro.

Galletas Rosso Gourmet

 ¡Cómo admiro a la gente que tiene este don de la cocina y la creatividad!