Autor: Mamá (contra) corriente

Contentar a todo el mundo

Uno de mis grandes problemas es ser hipersensible. Me importa muchísimo lo que opina la gente de mi y siempre me quedo con mal sabor de boca cuando intuyo que algo les ha molestado. No me gusta estar peleada con nadie y no es raro que busque la reconciliación con gente que se ha portado mal conmigo (hasta que vuelven a pegarme la puñalada, claro). Además, tengo una gran empatía hacia los problemas ajenos y termino haciéndolos míos. Tengo mucha sensibilidad para captar los estados de ánimo de los demás, así que enseguida noto si algo no les gusta o les molesta. He intentado mejorar este rasgo de mi carácter, con escasos resultados. Ojalá pudiera cambiar un poquito, sólo un poquito, pues estoy segura de que me haría mucho más feliz. Me produce ansiedad tratar de contentar a todo el mundo y, al mismo tiempo, hacer lo que siento que tengo que hacer y decir lo que realmente pienso. Desde que mi hijo está en este mundo, esas situaciones incómodas se han multiplicado. Porque es difícil contentar a todo el mundo que quiere ver al niño, que quieren manosearlo, que quieren atenderle de una forma que no es la que yo concibo para la educación y cuidado de mi hijo. Siempre estoy con la sensación de que cuando contento a unos disgusto a otros. Y en muchas ocasiones tengo...

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Un saquito de gases.

Hay veces que me parto de risa yo sola con cosas que hace mi bebé. Y a el le encanta verme reir y normalmente me acompaña, aunque no sepa por qué me rio. Me causa mucha risa que muchas veces, al cogerle, se tira un eructo, un pedo, o ambas cosas. Sobre todo cuando le pongo bocabajo para que haga ejercicio: “burrrp” “prrrrr” “prrrr” “arrrrr”…Entre pedos y eructos, me recuerda a esos saquitos de pedos que estaban tan de moda en mi colegio cuando éramos niños, que simulaban a la perfección un pedo cada vez que los apretabas. Pero hijo, cómo puedes soltar esos eructos, que ni Hommer se los tira con tanto gusto!. Ay, mi saquito de...

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¿Cuándo pasar del capazo a la silla?

Desde el principio he estado en contra del capazo y he estado deseando que llegara el momento de pasar a mi hijo a la silla de paseo. Pero ahora que veo que el momento es inminente (ha cumplido tres meses y medio y se está quedando justito, al margen de que tiene sus movimientos muy limitados ahí dentro), me asaltan un montón de dudas y no sé qué decisión tomar. Hoy le hemos dado una vuelta en la silla, para ver qué tal, totalmente reclinado. Enseguida le he tenido que incorporar un poco porque no quiere estar tumbado. En casa ocurre lo mismo con la hamaca, no quiere estar en la posición totalmente tumbada. He pensado en compartir mis razonamientos con vosotr@s, a ver qué opinión teneis. A favor del capazo: Es donde más resguardado va del frío. Todavía quedan unos dos meses de frio y desde luego ahí no le da el aire en absoluto, sobre todo si le pongo la burbuja. Ahora bien, dos meses más no aguanta ahí ni en broma (por tamaño). El colchón, en su posición horizontal, es lo mejor para su espalda. Como el ya no aguanta tumbado porque quiere ver el mundo (si no, se pone a llorar), mi capazo permite reclinarlo, de forma que puede ir un poco incorporado. En contra del capazo: Es un trasto en una casa tan pequeña....

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Se me cae muchísimo el pelo

Ya me habían advertido de que el “bajón hormonal” comenzaba a notarse en serio a partir de los tres meses. Y con el, claro, la famosa caída del pelo, que es algo que suele preocupar a casi todas las madres recientes, ¡por razones obvias!. A mi se ha juntado un poco todo, porque además de lo hormonal tengo un considerable “efecto rebote” con el tema de la grasa. Mi pelo es graso en las raíces y muy seco en las puntas (un auténtico rollo) pero durante el embarazo lo tenía fantástico y me duraba limpio un montón de tiempo, y eso que me he pasado el verano sudando a chorros. Ahora he notado un rebrote de grasa, más que antes de quedarme embarazada. En mi caso, el exceso de grasa influye mucho en la caída del pelo, siempre ha sido así. Afortundamente, no estoy asustada porque soy de esas personas a las que, de todas la vida, se les cae bastante el pelo (además de que lo he llevado casi siempre muy largo y se nota más) y he tenido épocas de caída importante. Pero yo siempre he dicho que tengo muchísimo pelo y en la peluquería me dan la razón. Además, dicen que el pelo que se cae en el postparto es todo el pelo que ha crecido “de más” durante el embarazo, un pelo que durante esos...

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Mis (nuevas) manías.

Soy una gran seguidora de la serie Cómo conocí a vuestra madre; si no la habeis visto, os la recomiendo muchísimo. La cuarta temporada, que es la última disponible en español hasta el momento, es sencillamente fantástica. En el capítulo 4×19, Ted, el protagonista, saca a relucir su lista Murtaugh, una lista de cosas que son imposibles de hacer una vez llegados los 30 (años, se entiende). Barney se empeña en demostrar que puede hacerlas todas en 24 horas sin morir en el intento (y no os cuento el final). El Murtaugh al que se refiere es el veterano sargento de la saga Arma Letal, que muchos conocereis por su mítica frase “estoy demasiado viejo para esta mierda” (I’m too old for this shit), que en la serie reconvierten en “estoy demasiado viejo para estas…cosas” (I’m too old for this…stuff). Os dejo el vídeo en versión original del momento de la serie al que me refiero: Por si sentís curiosidad, la lista comprende: Ir a trabajar de empalmada. Comerme una pizza entera de una sentada. Colgar posters en la pared sin marco. Ponerme un piercing en la oreja. Ir a lavar la ropa a casa de mamá. Quedarme a dormir en el futón de un amigo en vez de irme a un hotel. Aplazar la cita con el médico. Beber chupitos con extraños. Dejar un mensaje de bienvenida en...

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