Autor: Mamá (contra) corriente

Por qué no tocar las manos del bebé

¿Por qué no tocar las manos del bebé? ¿Te lo has planteado alguna vez? Probablemente me he vuelto madre sobreprotectora, no digo que no. Anoche os citaba una frase de origen desconocido y hoy os cito otra, de la que desconozco igualmente autor y procedencia: “tener un hijo es conocer el miedo”. Sonará exagerado, pero siento auténtico pánico de que le pase algo. De hecho, las primeras semanas en mi cerebro sonaba la frase: “por favor, espero que nunca le pase nada, es tan indefenso!”. Miedos a parte, la salud depende, en gran medida, de las medidas preventivas que tomemos. No es ninguna tonteria afirmar que la buena alimentación, el correcto descanso, las medidas de higiene, etc etc contribuyen a que tengamos una mejor salud. Entonces, ¿por qué actuar con el bebé como si fuera un Nenuco? Hay muchas personas que cuando ven un niño sienten el irrefrenable deseo de achucharle, pasando incluso por encima de sus padres. Nunca he entendido esa actitud. Los bebés me parecen adorables, pero también frágiles. No son un peluche, un tamagochi o una mascota. Son pequeñas personitas con un sistema inmune mucho más frágil que el nuestro y que apenas está empezando a funcionar. Normalmente la gente detecta cuándo los padres quieren que se deje a su hijo en paz. Pero enseguida descubren otro método de achuchar al bebé: sobarle las manos. A...

Leer más

Esos primeros momentos

A pesar de que mi bebé tiene 3 meses, o quizá por eso, no he dejado ni un sólo día de recordar el día del parto y los días que estuvimos los dos ingresados en la clínica. Una de las imágenes que con más frecuencia vienen a mi mente es la de la primera vez que vi a mi hijo. O debería decir las dos primeras veces, pues estando en el quirófano le vi dos veces. La primera, nada más sacarlo. Lo curioso de la cesárea es que aunque el anestesista me fuera radiando la operación, como si de un partido de fútbol se tratara, yo no creía que de mi cuerpo fuera a salir un bebé. No esperaba que saliera nada, a decir verdad. Me dijo: “ya sale: los hombros, la cabeza, ya está fuera”. Y yo seguía pensando que no era posible. Así que cuando instantes después me levantaron un poco la cabeza para que pudiera ver ese culillo totalmente blanco me pareció una experiencia extra-corpórea. O transcorporal, no lo sé. “Mírale la matrícula, está claro que es niño, eh?” me dijo la matrona. “Por favor, me podeis enseñar la carita?” y entonces lo giraron unos instantes y apenas pude verle, completamente cubierto de una sustancia blanca, viscosa. No estaba en su mejor momento, vamos. Allí no hubo trompetas ni música celestial ni todas esas cosas que...

Leer más

Búsqueda personalizada
¡Suscríbete a mi newsletter!

¡Suscríbete a mi newsletter!

Apúntate y recibe todas las novedades en tu mail.

Te has suscrito correctamente

Últimos Tweets