Yo no me quise perder nada durante el embarazo: achaque que fuera posible tener, ahí iba yo a por él. Aunque realmente esto no se puede considerar un achaque, es algo que apareció durante el embarazo y ahora me está costando mucho trabajo quitarme de encima.
Empecé a apretar la mandíbula mientras dormía cuando me ingresaron en el hospital con neumonía estando embarazada de 16 semanas. Se hizo algo habitual noche tras noche cuando me dieron el alta, dos semanas más tarde, y recuerdo que me causaba muchísimas molestias a la mañana siguiente, sobre todo durante aquel horrible segundo trimestre. Muchos días me levantaba con dolor de cabeza, dolor de oídos y dolor de dientes, incluso agujetas en la zona de la papada; algunos días era tan intenso que no faltaba el paracetamol de turno en el desayuno.
Después de dar a luz tuve unos meses buenos en los que pensé que nunca más volvería a ocurrirme. Supongo que lo que pasaba, en realidad, es que estaba bajo el influjo de las estupendas hormonas del post parto y como me encontraba tan feliz no tenía motivo alguno para estar nerviosa ni necesidad de canalizar esa energía sobrante. 
Eso pasó, claro, estas hormonas, por desgracia, no duran para siempre. Así que poco a poco ha ido volviendo esta manía tan mala, que además apenas puedo controlar porque es algo que hago durmiendo. No son pocas las mañanas que me levanto con esos dolores y con el cuello tieso. Todos los nervios del día los expulso por ahí.
¡Qué aburrimiento de cuerpo tengo!