Bebé cumple hoy cinco meses y medio, lo que significa que estamos a quince días de iniciarnos en la alimentación complementaria.

Con mi hijo mayor estaba ansiosa. El primer día que le di cereales fue una fiesta. Ahora miro atrás y no lo acabo de entender, pero así fue y así lo recogí en esta entrada. Creo que es porque nunca me entusiasmó la idea de la lactancia artificial y siempre tuve en la mente la idea de que a falta de leche materna, lo mejor que podía alimentar al niño era comida de adulto y no leche artificial. Aquello de poner agua y luego unos polvitos se me hacía muy poco natural y mucho menos sano que una buena papilla de frutas.

Ha llovido mucho desde entonces. Pero mucho, mucho: mis ganas de alimentación complementaria ahora mismo son cero. De hecho, si en aquel momento estaba deseando que Mayor diversificara su alimentación y perdiéramos de vista la leche de fórmula, ahora siento que la alimentación complementaria es un potencial riesgo para nuestra lactancia materna.

Parto de la base de que, aunque hace más o menos un mes estuve a puntito de sucumbir a cebarle de cereales con la idea de que durmiera al menos tres horas seguidas, salvados aquellos días infernales y recuperada la cordura (sobre todo desde que le metí en la cama), la lactancia materna exclusiva y a demanda ha sido un lujazo. No puedo creer que haya llegado tan pronto el momento de probar otras cosas. Él puede que sí lo necesite, yo como madre lactante no lo necesito en absoluto.

No es que la lactancia a demanda y en exclusiva no sea dura, que lo es. Claro que me he visto sola en muchas todas las ocasiones en las que Bebé me ha necesitado puesto que mi pecho es su alimento pero también su refugio, su consuelo, su inductor del sueño y eso no se lo puede dar nadie más. Ni hablamos ya de haber compatibilizado esto con estar acompañada en todo momento del hermano mayor reclamando mi atención. Pero lo que nos damos mutuamente durante en esos momentos compensa tanto que no quisiera que terminara nunca.

Pero como el tiempo no nos pertenece (como tampoco nuestros niños), sólo me queda enfocar la alimentación complementaria del modo más respetuoso posible con la lactancia, para preservarla y mimarla como bien se la merece.

El enfoque es bien distinto. De hecho, aunque se podría esperar que no tuviera ninguna duda al respecto por ser mi segunda vez, no tengo claro cómo lo voy a organizar, porque si lo hago igual que con Mayor, no le va a quedar espacio para el pecho, y eso sí que no.

Así que ¡oh, mamás lactantes del ciberespacio!, si me queréis echar una mano y contarme cómo lo hicisteis, Bebé y yo os lo agradeceremos muchísimo.

Foto | Simon Wheatley en Flickr CC