Estoy segura de que no somos los primeros a los que nos ha sucedido una anécdota igual… Aunque no por ello deja de ser graciosa… ¡y asquerosa!.

Estaba mi marido bañando al niño mientras yo ordenaba la habitación. “¿Has oído lo que ha dicho? Ha dicho “caca” y luego ha empezado a hacer grrrrr como haciendo fuerza, ¡que gracioso!“. Sí, sí, graciosísimo, pienso para mi. Anda que como se cague en la bañera, verás qué gracia.

Todo sigue su curso. De pronto escucho que le está sacando de la bañera y “¡arrggg, qué asco, ¡¿qué es esto?!“. Efectivamente, mi intuición de madre no falla. Dos moñigos, uno de ellos tamaño adulto, flotando en la bañera. Mi marido muerto del asco, el niño muerto de la risa.

¿Quién pescó los dos tropezones? Obviamente mami, con unos guantes puestos.

A ver si el próximo día mi churri entiende que a estas alturas cuando mi hijo dice “caca” es porque tiene ganas y hay que tomárselo en serio, no a cachondeo.

Creo que se me quitaron las ganas de cenar…